(PDF) El Rey en Lima: Simulacro y ejercicio del poder en la Lima del diecisiete.
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El Rey en Lima: Simulacro y ejercicio del poder en la Lima del diecisiete.
Alejandra B Osorio
2004, Serie Minima.
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Felipe II en El Escorial: la representación del poder real
Fernando Checa Cremades
Anales De Historia Del Arte, 1989
A la muerte de Felipe II en 1598 vuelve a plantearse uno de los temas que más habían preocupado a artistas, panegiristas y miembros de la corte, el de la representación de una imagen del Rey, que fuera, no tanto un trasunto de su persona fisica. como de la institución que representaba: la Monarquía Católica. Desde este momento se tiene la posibilidad de una consideración global del reinado, a la vez que se hace presente la necesidad de una glorificación de su persona que, como había sucedido con su padre, ha de alcanzar la categoría de mito. Las interpretaciones plásticas de su carrera y de su figura alcanzan ahora una variedad enorme, de acuerdo con los distintos intereses de cada momento y lugar Y si en Florencia. en los paneles pintados para su funeral se insiste en los aspectos gloriosos y triunfales de sus actividades politícas (el episodio más tratado es la incorporación de Portugal a Castilla en 1580> y no se olvidan-recordemos que estamos en Italia-su interés por la protección a las artes y a la arquitectura, en España. Pedro Perret estampa en la vida del Rey que escribe Cabrera de Córdoba, una imagen del El presente trabajo fue hecho público con motivo del curso de Verano de la Unmversmdad Complutense «Arte, poder y cultura. Felipe II y El Escorial» en mes de agosto de 198$. El autor agradece al CENTER FOR ADVANCED STUOY IN THE VISUAL ARTS de Washington el apoyo prestado a través de una Paul Mellon Fellowship. asi como al Convenio Patrimonio Nacional-Universidad Complutense.
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Prácticas cotidianas y espacios de poder en" Rojo Amanecer
Héctor Joshua Arriaga Ramirez
Razón y palabra, 2005
Información del artículo Prácticas cotidianas y espacios de poder en" Rojo Amanecer".
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El poder de reserva del Rey. Experiencias comparadas
Göran Rollnert-Liern
Punset Blanco, Ramón (coord.), La función constitucional del Rey: teoría y práctica, Madrid, Reus, 2024
Esta es una obra en la que historiadores y juristas ofrecen una amplia panorámica de las relaciones, en el pasado no siempre pacíficas, entre el Rey y la Constitución. Hoy, y desde la entrada en vigor de la Constitución de 1978, los antiguos recelos entre la Corona y los partidarios de la Ley Fundamental han desaparecido por completo; al punto de que cabe afirmar, sin ningún género de dudas, que tanto Juan Carlos I como el actual Monarca han sido y son apasionados defensores de la democracia constitucional. Ciertamente, resulta muy amplia ya la bibliografía sobre la Monarquía parlamentaria española. Nuestra contribución, motivada por la efeméride de la primera década del reinado de Felipe VI, aspira a ser un inventario de aquello que, al presente, sabemos, con mayor o menor certidumbre, acerca de la función constitucional del Rey en términos históricos y jurídicos. Hay, y seguirá habiendo, desde luego, cuestiones controvertidas. Y no es la menor que en tiempos de democracia la Monarquía, aun la parlamentaria, supone un anacronismo que únicamente se sostiene por su utilidad y eficacia, y además mediante un “plebiscito cotidiano”, como la Nación en Ernest Renan. Sin duda, si la Corona de España se viera incapaz de garantizar la integridad territorial y la continuidad del Estado democrático-constitucional, así como la convivencia pacífica de los españoles, o ello no precisase ya de su indispensable concurso actual por haberse alcanzado un alto nivel de estatalidad constitucional europea, se plantearía el problema de su supervivencia.
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El Rey baila. Órbita social performativa en torno al cuerpo de Luis XIV
josefina zuain
El Artista ISSN: 1794-8614
[email protected]
Universidad de Guanajuato México, 2021
Este artículo analiza los elementos narrativos, simbólicos y coreográficos que conforman el monumental Ballet de la Nuit, presentado durante 1653 para la corte de Luis XIV, en aquel momento bajo la gestión de Mazarin. El poder absolutista es centralizado en el cuerpo de Luis XIV, donde la corte barroca halla un terreno sumamente fértil para su desarrollo y sus conductas. ¿Cuáles son los artificios simbólicos que se activan en torno a Luis XIV y que apuntan a la utilización del ballet como vía de representación ideológica?, ¿cómo se da forma y existencia a un poder unificado y centralizado en el cuerpo de un representante?
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Poder y Juventud: la experiencia de las “pandillas” en Lima
MATIAS FERNANDO VIOTTI BARBALATO
Perifèria. Revista d'investigació i formació en Antropologia, 2010
El artículo presenta una reflexión sobre el denominado "fenómeno del pandillaje" en la capital peruana, siendo considerado como uno de los conflictos sociales más importantes de los últimos tiempos. No existen muchas investigaciones al respecto destacando principalmente los artículos periodísticos relacionados con el tema. En sus planteamientos, tanto unos como otros, soslayan todo lo que encierra y esconde el concepto de "pandillero/a". Basándonos en la experiencia de Los Chacales, en el presente trabajo intentaremos analizar las relaciones de poder y sus mecanismos, así como deconstruir este "fenómeno" a través de un intenso trabajo de campo realizado.
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El poder y su ejercicio entre los mayas
Ana Izquierdo
Revista De La Universidad De Mexico, 1993
El poder ysu ejercicio entre los mayas D ueña de una identidad propia desde los primeros siglos de la era cristiana, la cultura maya ha perdurado, no obstante haber estado sujeta a cambios de poder, migraciones, conquistas, movimientos modernizadores, discriminaciones y guerrillas, a través de casi dos mil años de historia. Aunque popularmente se considera una cultura extinta, ha resistido hasta nuestros días en más de cinco millones y medio de diversos grupos mayanses como el yucateco, el chal, el tzeltal, el tojolabal, el tzotzil, ellacandón, el quiché, el cakchiquel Yel tzutuhil, entre otros, a pesar de que muchas personas los ignoren. Quizá los nuevos comunicadores, que "resucitan" a los mayas del pasado, participen del pensamiento de viajeros como el capitán de Dragones Guillermo Dupaix, quien consideró que los indígenas ch'oles que habitaban Palenque, cuando estuvo ahí en 1809, no tenían los rasgos culturales que hicieran creer que eran herederos de los constructores de tan bella ciudad.
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Queenship. Teoría y Práctica del ejercicio del poder en la Baja Edad Media castellana
Diana Pelaz Flores
del Val Valdivieso, Mª Isabel, y Jiménez Alcázar, Juan Francisco (coord.), Las mujeres en la Edad Media, Murcia-Lorca, 2013
Los estudios que componen esta monografía han sido evaluados y seleccionados por expertos externos a través del sistema de pares ciegos. © De los textos: los autores
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Los castillos y la imagen del poder: la capitalidad del Señorío de Feria
Juan José Sánchez González
RESUMEN El señorío de Feria, pese a su carácter geográficamente compacto, aglutinó una serie de territorios que, debido a una evolución histórica diver-gente, poseían estatus jurídicos diferenciados. Los Suárez de Figueroa im-plantaron sus estructuras de poder sobre esta realidad de base. El estableci-miento de la capitalidad del estado señorial dotaba de un centro político a la nueva célula jurisdiccional. La arquitectura fortificada contribuye a mate-rializar los valores políticos, sociales y culturales vinculados a dicho centro. La multiplicidad de nuevas funciones que recaen sobre la residencia de un linaje nobiliario de la época Trastámara se traduce en la implantación de un modelo de arquitectura fortificada ajeno a la tradición arquitectónica del entorno, dicho modelo proyecta la imagen que de su propio poder trataban de transmitir los titulares del señorío. PALABRAS CLAVE: Arquitectura fortificada, castillo, estado señorial, nobleza Trastámara, Suárez de Figueroa, Villalba de los Barros, Zafra. RÉSUMÉ La seigneurie de Feria, tout en étant géographiquement compact, a réuni un certain nombre de territoires qu'en raison des différences de développement historique, avait un statut juridique différent. Suárez de Figueroa a présenté les structures du pouvoir fondée sur cette réalité. La mise en place de la dotation du manoir état a donné d'un centre politique à la nouvelle cellule de jurisdiction. L'architecture fortifiée a permis la materialisation des valeurs politiques, sociaux et culturels reliés au centre. La multiplicité des fonctions nouvelles qui tombent sur la résidence d'une noble lignée du temps Trastamare donnent lieu à l 'introduction d'un modèle d'architecture fortifiée étranger à l'environnement, le modèle projette l'image de sa touche personnelle à transmettre la puisance détenteurs du manoir. MOTS-CLÉS: L'architecture fortifiée, château, manoir état, la noblesse Trastamare, Suárez de Figueroa, Villalba de los Barros, Zafra.
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Reseña bibliográfica de Pablo Ortemberg Rituales del poder en Lima (1735-1828). De la monarquía a la república Lima Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú 2014 404 pp
Virginia P Forace
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Reseña de Pablo Ortemberg, Rituales del poder en Lima (1735-1828). De la monarquía a la república Lima. En Estudios de Teoría Literaria. Revista digital: artes, letras y humanidades, nº8.
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'Operación Palace': El fake del 23-F y el Rey
Laura Pousa
Revista de Historia Actual, Vol.12, Núm. 12-13, pp. 51-62.
y el resto del mundo. El pago puede hacerse por tarjeta de crédito, domiciliación bancaria, cheque conformado o
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Serie: Historia, 27

EL REY EN LIMA
© Instituto de Estudios Peruanos, IEP
El simulacro real y el ejercicio del poder
Horacio Urteaga 694, Lima 11
en la Lima del diecisiete
332-6194 / 424-4856
Fax (51 1) 332-6173
ALEJANDRA OSORIO
ISSN: 1022-0356 (Documento de Trabajo)
ISSN: 1022-0402 (Serie Historia)
DOCUMENTO DE TRABAJO N.° 140
Impreso en el Perú
diciembre, 2004
300 ejemplares

Hecho el depósito legal en la
Biblioteca Nacional del Perú: 1501162004-9367

ALEJANDRA B. OSORIO es doctora en Historia por la Universidad Estatal de
Nueva York en Stony Brook. Actualmente es profesora de historia latinoameri-
cana en el Wellesley College, en los Estados Unidos. Ha publicado en diversas OSORIO, Alejandra B.
revistas académicas, y en el momento viene concluyendo un libro sobre la cul-
tura política barroca de Lima, durante los Austrias. El Rey en Lima. El simulacro real y el ejercicio del poder en la Lima del
diecisiete.— Lima: IEP, 2004. – (Documento de Trabajo, 140. Serie Histo-
ria, 27)
HISTORIA / VIRREINATO / PODER POLÍTICO / SIGLO XVII / LIMA

WD/01.04.03/H/27

IEP/ DOCUMENTO DE TRABAJO IEP/ DOCUMENTO DE TRABAJO p.2

CONTENIDO

EL REY EN LIMA
El simulacro real y el ejercicio del poder
en la Lima del diecisiete1
EL REY EN LIMA. EL SIMULACRO Y EL EJERCICIO DEL PODER
EN LA LIMA DEL DIECISIETE 5

Introducción 7
La ciudad, la plaza y la geografía del poder 11
Las exequias reales, la proclamación del rey y el poder real 19 The simulacrum is never that which conceals the truth — it is the truth
Las exequias reales 22 which conceals that there is none.
La proclamación del Rey 29 The simulacrum is true.
El retrato del Rey y el ejercicio del poder real 32
ECLESIASTÉS 2
Reflexiones finales 34
En 1622, el Rey Felipe IV presenció su proclamación en la Plaza Mayor
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 39 de Lima. Leandro de la Reinaga Salazar, el alcalde más antiguo de la
ciudad había sido elegido para conducir al Rey a su trono situado bajo
un lujoso dosel en el centro del estrado en la Plaza Mayor. El Rey, sin
embargo, resultó ser más pesado de lo esperado y en el último momento

1. La investigación para este artículo en los archivos de Perú y Chile fue financiada
por una Fulbright Dissertation Fellowship, y en los archivos españoles por una W.
Burghardt Turner Fellowship del Estado de Nueva York. Versiones preliminares de
este trabajo fueron presentadas en Harvard University, SUNY at Stony Brook,
Universidade do Porto, New York University, y la University of Massachusetts-
Boston y El Colegio de México. Deseo agradecer a los colegas que me hicieron
sugerencias en estas reuniones. De igual manera agradezco los comentarios y suge-
rencias de Alejandro Cañeque, Antonio Feros, Temma Kaplan, Pilar Latasa Vasa-
llo, Herman Lebovics, Paul Gootenberg, Sheryl Kroen, Adeline Rucquoi, Kirsten
Schultz, Mark Thurner, Kathleen Wilson y Jean-Paul Zúñiga.
P.3 2. Citado en Baudrillard 1983: 1.

IEP/ DOCUMENTO DE TRABAJO IEP/ DOCUMENTO DE TRABAJO p.5

6 fue necesario asegurar la ayuda de otros tres hombres más para conducirlo llería.7 Compañías montadas de arcabuceros seguidos por cien hombres 7
con la “debida decencia requerida por la ocasión”.3 de la artillería marcharon ante el “theatro” construido para la ocasión
Felipe IV no estuvo en Lima en 1622. En su lugar, un “trasunto haciendo profundas reverencias al Rey sentado en su trono. Seguían a
vivo del rey”, que según el relato de Román de Herrera, cronista oficial la infantería doscientos hombres uniformados, los cuales también hacían
de la ceremonia, medía dos varas de alto por una vara y media de ancho reverencias al monarca. Cuando las compañías finalmente se ubicaron
con un marco adicional de media vara de ancho por lado.4 En el centro en la plaza frente al estrado, formaron, según Herrera, cuatro bloques
superior el marco negro tenía inscrito con letras de oro “Viva el Católico de 25 filas de hombres uniformados todos los cuales saludaron al Rey
Rey Felipe quarto, viva felices años”, y estaba decorado con ricas cadenas con un disparo de sus mosquetes al aire. Este acontecimiento fue obser-
de oro entretejidas con incrustaciones de diamantes, rubíes, esmeraldas, vado y vitoreado por las multitudes congregadas en los techos, balcones,
topacios, y collares esmaltados. Una cadena de oro grande y pesada, y ventanas de los edificios y calles alrededor de la Plaza Mayor.8
puesta en la imagen por la ciudad como señal de su lealtad al Rey,
complementaba la decoración. Según Herrera, la pintura misma mostraba Introducción
al monarca Felipe IV “arrimado de medio cuerpo para Riba, y el resto
del cuerpo calza entera, de obra y color morado, y el rostro como de un Es de dominio común que los reyes de España nunca visitaron las In-
Angel, en cuio risueño semblante imperceptiblemente se daba a conocer dias. Sin embargo, el Rey fue visto en América como la “cabeza” legítima
un mirar autorizado”.5 de la monarquía española durante el periodo colonial. Es más, en el
Cuando los cuatro hombres y el Rey subieron al estrado con todo el virreinato del Perú muchos limeños se mantuvieron leales a él hasta el
respeto, veneración y majestad requerida, los oidores y demás personas término de las Guerras de Independencia en el siglo diecinueve.
sentadas en los estrados y galerías aledañas se pusieron de pie y descu- ¿Cómo se explica esta lealtad y legitimidad del rey español en
brieron sus cabezas mientras el retrato era “sentado” en su trono —des- América a pesar de su lejanía? ¿Cuáles fueron las estrategias empleadas
crito como un sillón ricamente elaborado y lujosamente adornado— para crear lazos políticos, así como las condiciones y términos que los
situado bajo un dosel de tela fina de oro. Una vez que el rey fue aco- gobernaron? Este ensayo analiza uno de los numerosos mecanismos
modado en su trono, los oidores se sentaron y cubrieron sus cabezas, culturales que sirvieron para “naturalizar” el ejercicio del poder colo-
mientras los alcaldes y el Cabildo bajaron del estrado “haciendo pro- nial en ultramar: las ceremonias relacionadas directamente con el
fundas reverencias al Theatro del Rey Nuestro Señor”.6 “cuerpo”, tanto político como material, del Rey español durante el siglo
Herrera nos cuenta que, mientras esto sucedía, escuadrones lujo- diecisiete en Lima —para ese entonces el centro físico y simbólico del
samente uniformados comenzaron a entrar en la Plaza Mayor comanda- poder colonial en el virreinato del Perú— y su relación con la creación
dos por Diego de Carvajal, correo mayor del Perú y teniente de caba- de una geografía del poder colonial.
De acuerdo con el historiador español Xavier Gil-Pujol, la “pre-
sencia” del rey —incluso aunque estuviera físicamente ausente— fue
3. Archivo Histórico Municipal de Lima (AHML), Libro Tercero de Cédulas y absolutamente necesaria e irremplazable como cabeza y miembro de la
Provisiones — Segunda Parte (LTCP-SP). Relacion de la solemnidad y fiestas con
que esta Ciudad de los Reyes levanto sus Estandartes reales, en nombre del Rey
nuestro Señor Felipe quarto, reconociendole por su natural Señor (1621), p. 501.
7. El Correo Mayor de las Indias, Islas y Tierra Fime del Mar Océano, al que
4. Felipe IV asumió el trono español en 1621; la ceremonia de su proclamación se posteriormente se adscribiría el Virreinato del Perú, fue creado en 1514. Después
efectuó en Lima en febrero de 1622. de 1570, este cargo se adjudicó a la familia Carvajal que lo retuvo hasta 1768.
5. AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. Véase Haring 1947: 318-319 y nota n.° 9.
6. AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. 8. AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey...Felipe quarto.

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8 comunidad que gobernaba.9 Un asunto fundamental para la monarquía de autoridad análoga a la figura de Dios: podía ver sin ser visto. En 9
española, desde Carlos V en adelante, fue precisamente cómo hacer otras palabras, se podía sentir y escuchar al Rey sin tener presente su
presente al Rey ausente en todos los reinos y provincias en los que cuerpo biológico o físico el cual era sólo posible imaginar. No obstante,
gobernaba, especialmente en los más distantes. En la propia España, el Rey era concreta o “materialmente” conocido por sus vasallos a través
durante el reinado de Felipe II, el rey se había convertido en algo así de objetos o representaciones que poseían su esencia o “aura”13 y poder
como un monarca “ausente” debido a una nueva vida ritual que tenía al igual que la Hostia la cual era el “cuerpo de Cristo” y poseía el aura y
como finalidad hacer “invisible” al Rey.10 A pesar de esto, los vasallos poder de Dios. Dicho de otro modo, para los vasallos en Lima el si-
del Rey en España podían quizás esperar verlo alguna vez en sus vidas mulacro del Rey de España era el Rey real.
en una de sus entradas triunfales a ciudades europeas, durante su par- La centralidad de la figura del Rey en las ceremonias limeñas parece
ticipación en fiestas religiosas o en los Autos de fe.11 En el caso de las no haber sido igualada en otras ciudades americanas.14 Debido a que el
Indias, el problema de hacer presente y real al Rey fue un asunto bastante virrey no estuvo nunca presente durante las ceremonias reales del siglo
más complejo para los oficiales coloniales y las elites locales dado que diecisiete en Lima, es muy probable que rituales tales como las pro-
el Rey nunca visitó el continente.12 Es por lo tanto quizás sorprendente clamaciones y las exequias reales puedan haber sido más importantes
que la figura del Rey, así como los mecanismos de su gobierno en las para la legitimación del poder colonial que las entradas virreinales que
Indias, casi no hayan sido temas de estudios hasta la fecha. iniciaban el nuevo gobierno del alter ego del Rey. Por lo tanto, el si-
Quisiera sugerir aquí que en la Lima del diecisiete las ceremonias mulacrum del Rey en Lima constituyó no solo el principio organizador
reales sirvieron para hacer presente al Rey ausente y unirlo con sus de las ceremonias reales sino también un aspecto central del ejercicio
vasallos en un “pacto” recíproco que necesitaba del ritual para hacerlo del poder monárquico en el Perú colonial. Las ceremonias reales fueron
“verdadero”. Debido a que, en el caso del Perú, el Rey “genuino” no igualmente fundamentales en el afianzamiento de Lima como la ciudad
fue nunca “producido como un original” sino más bien “re/producido”, más principal y poderosa frente a sus rivales en el virreinato.15 Estas
su simulacrum —o copia para la cual no existe un original— convirtió celebraciones del siglo diecisiete alrededor del simulacro del Rey cons-
al Rey español en un monarca hiperreal. Estas “re/presentaciones” del tituyeron una fuente importante de capital simbólico en la producción
Rey fueron, sin embargo, siempre “auténticas” o verdaderas ya que, del aura de Lima en las disputas con la capital Inca del Cuzco sobre cuál
como el referente no fue nunca visto en Lima, el simulacro era verdadero de las dos ciudades ocuparía el lugar de cabeza de los reinos del Perú.16
por virtud de esta ausencia. Ella convirtió al Rey español en un monarca Por último, la vida ceremonial cortesana de Lima desarrollada durante
hiperreal para sus vasallos debido a que su esencia se derivaba de una este periodo la consagró hacia fines de siglo como el centro indiscutible
representación o copia de una copia; la materialidad del Rey sólo podía del poder colonial en el virreinato del Perú y como el referente cultural
ser imaginada, por lo tanto, como se hacía la de Dios o la de Jesucristo. del Imperio en su totalidad.17
A pesar de esto, el poder y la autoridad del Rey fueron muy reales y
concretos para sus vasallos para quienes el Rey español fue una figura 13. Benjamin 1988: 217-224.
14. Sobre las ceremonias en la Nueva España donde la figura del Rey y su simulacro,
particularmente su retrato, parecen no haber tenido la misma importancia, véase
9. Gil Pujol 1997: 225-258. Esto está también establecido en las Siete Partidas. Partida Curcio-Nagy 1993.
II, Título I, Ley V. 15. Véase Osorio 2001: 249-259. Acerca de los usos de estas crónicas en Chile,
10. Véase Río Barredo, 2000. consúltese Cruz de Amenábar 1995: 78-85.
11. Gil Pujol 1997: 232-233. También Pérez Samper 1997:379-394, Christian 1981 y 16. Una discusión acerca de esta disputa se encuentra en Osorio 2001: capítulo uno.
Río Barredo 2000: 23-32, 44-82 y 199-234. 17. Esto se logró con la canonización de Santa Rosa de Lima en 1671 y su designación
12. Véase Foucault 1994: 46-77; Rama 1996: 3; Tanner 1993 y Alfonso Sánchez Coello. como la santa patrona de todo el imperio español incluyendo a las Filipinas ese

IEP/ DOCUMENTO DE TRABAJO IEP/ DOCUMENTO DE TRABAJO

|10 Entre las ceremonias organizadas alrededor del cuerpo del Rey, de una relación personal, la “presencia” del Rey en las ceremonias colonia- 11
su poder y de su majestad, las exequias reales u honras fúnebres y la les era fundamental. En la Lima del diecisiete el Rey estuvo “personal-
proclamación o levantamiento de pendones del Rey constituyeron dos mente” presente en diversas formas: presidía sus ceremonias cortesanas
caras de una misma moneda. Ellas tuvieron el doble fin de hacer real el cómodamente sentado en el trono en la plaza mayor; su voz se escuchaba
Rey ausente a sus vasallos distantes, al mismo tiempo que unieron al cada año cuando su juramento anual a la ciudad era enunciado por el
Rey y sus vasallos en una relación personal y recíproca o “pacto político”. oidor más antiguo; su voluntad se comunicaba públicamente en la cere-
Como ha sugerido François-Xavier Guerra, la fe jurada al Rey como monia del pregón cuando se leían sus cédulas reales en voz alta; su sello
monarca y señor implicaba la obligación del vasallo a servir y defender real y firma “Yo EL REY” agraciaba los papeles coloniales. El Rey
a su señor con acciones, riquezas e incluso con su propia vida.18 En español tenía un cuerpo original —biológico— que residía en España,
Lima colonial, el juramento de lealtad de la ciudad —como ente corpo- pero su simulacro residía en Lima, y cuando éste se desplegaba en
rativo— al Rey se renovaba anualmente en la ceremonia del estandarte elaborados rituales públicos permitía a sus distantes pero leales vasallos
real, el cual tenía un papel central en la proclamación del Rey.19 Mientras “verlo, oírlo, y sentirlo” como si él realmente estuviese allí.
las exequias permitían a la ciudad y sus vasallos desplegar públicamente
su dolor y sufrimiento por la muerte del monarca, la culminación de la La ciudad, la plaza y la geografía del poder
proclamación requería que la ciudad y sus ciudadanos proclamaran
públicamente su aceptación, lealtad y amor por el nuevo Rey.20 El acto De acuerdo al historiador español José Antonio Maravall, el barroco
de “jurar” y expresar lealtad al Rey es de singular importancia para fue una época de fiestas y esplendor.21 Como manifestación cultural, el
entender el “pacto” entre los vasallos y el Rey. La obligación política en barroco constituyó un fenómeno urbano donde la ciudad no sólo proveía
América colonial, como señala Guerra, se basó en un compromiso muy los recursos necesarios para sostener las necesidades de los grupos
personal con una persona muy concreta: el Rey, formalizada por el sociales privilegiados, sino que también ella misma se asoció con la
juramento. Dado que la lealtad al monarca de sus vasallos se basó en cultura y su producción. Una de las características de esta cultura barroca
fue su predilección por la ostentación, provocando que la ciudad fuera
conocida por sus modos de vestir lujosos, sus despliegues de riquezas,
mismo año, convirtiéndola así en el referente cultural de todas las procesiones sus edificios y arquitectura magnífica, así como por sus espléndidas
españolas. AHML, LTCP- Primera Parte (PP), Cedula de SM, 11 de Marzo de fiestas.22 Para las sociedades europeas barrocas del siglo diecisiete, el
1669, remitiendo el Breve de su Santidad en que declara por Patrona de este
Reino del Pirú á la Bienaventurada Santa Rosa de Santa Maria, con oficio y fiesta urbanismo fue un elemento crucial en la acumulación del poder de las
de precepto (1669). Biblioteca Nacional de Chile (BNCh), Juan Félix Proaño, Vida elites locales gobernantes.23 Los nuevos centros urbanos de poder tales
autentica de Santa Rosa de Lima traducida de la bula de canonizacion. Lima, como Madrid y París ganaron importancia y centralidad en la medida en
1897.
que los nuevos patrones de migración rural hacia las urbes producidas
18. Guerra 1994: 197-198.
por las transformaciones económicas experimentadas en el campo in-
19. Véase, por ejemplo, Biblioteca Nacional del Perú (BNP), Anónimo, Solemne
crementaron sus poblaciones, y que los monarcas las convirtieron en las
Proclamacion y cabalgata Real, Que el Dia 5. de Octubre de este año de 1701
hizo la muy Noble, y Leal Ciudad de los Reyes Lima, levantando Pendones por el
Rey catolico D. Felipe V. BNP, Lima Gozosa. Descripción de la Solemne Pompa,
y Festibas Demostraciones, conque la Ciudad de los Reyes Corte de la America
Meridional proclamó el Nombre Augusto de su Catholico Rey el Señor Don
CARLOS III. (que Dios prospere). Por el Conde de la Superunda, Virrey del Peru. 21. Maravall 1986: 114 y 241.
Lima, 1759. 22. Véase Bonet Correa 1983.
20. Véase Partida II, Título I, Ley III. 23. Nader 1990 y Wilkinson-Zerner 2000.

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12 sedes permanentes de sus cortes reales.24 En el imperio español de y cultural urbana.31 La importancia simbólica de la Plaza Mayor como el 13
ultramar, la creación de centros urbanos tales como Lima y el proyecto centro del poder colonial en Lima fue establecida por Francisco Pizarro
imperial de reubicar a las poblaciones indígenas en las reducciones en el momento de su fundación en 1535 cuando después de distribuir
implementadas en el Perú por el virrey Francisco de Toledo en la década espacios para la catedral, las casas reales, el cabildo y la cárcel, designó
de 1570, constituyeron una manifestación de esta nueva ideología de solares alrededor de ella a sus conquistadores.32 La situación espacial de
gobierno a través de civitas, o la experiencia de la vida urbana.25 Este los poderosos conquistadores y sus familias en las casas situadas alre-
nuevo concepto de gobierno, como ha señalado Anthony Pagden, hizo dedor de la plaza, aledañas a los edificios de las instituciones oficiales
de la ciudad el centro de la civilización y de la producción cultural, así coloniales, reflejaban directamente el poder personal y liberalidad de
como del poder político.26 Es importante señalar también que la idea Pizarro. Las residencias de los fieles conquistadores constituían repre-
nde “ritual,” como ha señalado Edward Muir, se desarrolló en el siglo sentaciones espaciales de su séquito “como governador de la tierra”.33
dieciséis.27 Consecuentemente, el “estado-teatro” urbano del barroco de Durante el siglo diecisiete, este espacio central del poder en Lima se
los siglos dieciséis y diecisiete ejerció su poder político a través de ela- extendió para incluir las principales calles adyacentes a la Plaza Mayor
borados rituales públicos capaces de hacer real y concreto algo abs- en las cuales se encontraban erigidas las iglesias de las órdenes religiosas
tracto.28 Lo abstracto se convertía en realidad a través de imágenes cuyo más importantes presentes en el virreinato: jesuitas, dominicos, merce-
poder fue ampliamente reconocido en las sociedades de la época tem- darios, franciscanos y agustinos.34
prana moderna.29 Como han señalado Fernando Checa y José M. Morán, Este espacio del poder colonial en Lima se reafirmaba continua-
la iconografía, los emblemas, las alegorías, y los jeroglíficos utilizados mente a través del ritual; una vez acordada la fecha para la ceremonia
en las fiestas cívicas solemnes fueron esenciales para el desarrollo de contenida en la cédula real, ésta era comunicada a la ciudad en la
“hábitos mentales” en la lectura e interpretación de estos símbolos, que ceremonia del pregón o publicación.35 La procesión del pregón era un
no sólo eran asequibles y legibles al público, sino que también cumplían ritual importante que trazaba y narraba la geografía del poder en la Lima
una función didáctica en que las lecciones morales eran compartidas colonial alrededor de la plaza. En ella, los vecinos notables, montados y
con el pueblo en general.30 lujosamente ataviados, acompañaban al pregonero real cuando anunciaba
Como en el barroco europeo, en América, el centro físico y simbólico en voz alta en determinadas esquinas de la ciudad —siempre identificadas
del poder colonial se concentró en las ciudades. Dentro de la ciudad como las más principales o de más calidad— la futura ceremonia que se
colonial de Lima el poder se encontraba aún más localizado en el espacio celebraría en Lima.36 Como estos anuncios públicos se ejecutaban siem-
alrededor de la Plaza Mayor, el corazón y centro de la vida social, política,
31. Véase La plaza en España e Iberoamérica 1998 y Álvarez Requillo, y otros 1982.
También Kagan 2000: 19-44 y 169-176; para el caso de Madrid, Escobar 2003.
24. Río Barredo 2000; Strong 1973; Dickens 1977 y Domínguez Ortiz 1969 y 1984.
32. Libros de Cabildo de Lima (LCL) 1935, volumen I, “Fundación de Lima”.
25. Véase Pagden 1995; Lechner 1981; Sánchez-Concha Barrios 1996 y Coello de la
33. Ibíd.
Rosa 2000.
34. La plaza mayor fue perdiendo su centralidad en estas ceremonias durante el siglo
26. Pagden 1995: 11-28, 44-45.
XVIII. BNP, Anónimo, Solemne Proclamacion... Felipe V. y BNP, Lima Gozosa.
27. Muir 1997: 7. Véase también Bromley y Barbagelata 1945, Eguiguren 1945, Gálvez 1943, Gunther
28. Ibid. Véase también Strong 1984.Una discusión del universo social constitutivo de 1983 y Panfichi 1995:15-42.
estas liturgias se encuentra en Bourdieu 1991: 107-116. 35. Bourdieu 1991: 111-113.
29. Brown 2000: 19-26. También Bouza 1998. 36. Pueden ser consultadas las siguientes relaciones del siglo XVII donde éste es el
30. Checa y Morán 1989: 236. Véase también de la Flor 2002, Edgerton 1980, Burke caso: Archivo General de Indias (AGI), Lima 110, Relacion de la Jura de Felipe II,
1986: 162-176, Muir 1997: 147-154, Trexler 1980: 1-9 y Cañeque 1996: 334. Cuzco 1557, y “Jura de Felipe II en Lima.” En Colección de documentos inéditos

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14 pre en los mismos lugares y frente a los mismos edificios, el espacio Así, el espacio ritual oficial del poder alrededor de la Plaza Mayor podía 15
comprendido entre ellos adquiría, a través del tiempo, un aura de poder ser adoptado como propio en Lima colonial por mujeres africanas,
y el ritual un carácter de legitimación que formaba parte de una liturgia españolas, indias o mestizas pobres para la práctica cotidiana de la magia
cívica.37 El pregón, por lo tanto, creaba lo que Michel de Certeau de- popular.41
nomina un field of operation o un espacio ritual oficial autorizado dentro Fue en este espacio urbano central donde, una vez asegurado el
del cuál se celebraban o “actuaban” dichas ceremonias oficiales.38 financiamiento para la celebración de la ceremonia, los ciudadanos se
En el caso de Lima, la ubicación de las residencias de los conquis- embarcaban en la construcción de elaborados escenarios y decoraciones,
tadores y los edificios oficiales alrededor de la Plaza Mayor simbolizando convirtiendo las calles de la urbe colonial en el escenario donde los
las estructuras permanentes del poder colonial, proveían una genealogía edificios se reconfiguraban con adiciones efímeras tales como arcos,
histórica urdida en una narrativa del poder por la ruta procesional del nuevas murallas, altares, plantas, y mantas de diversos colores.42 Esta
pregón. La narración era creada por la lenta procesión de hombres escenografía requería también de luces nuevas, fuertes aromas y nuevas
lujosamente vestidos y montados en hermosos caballos acompañados melodías que llenaran el espacio urbano, así como nuevos trajes para
de melodiosa música a través de calles selectas, así como por los pregones cada uno de los participantes. Como la propia palabra connota hoy en
ejecutados siempre frente a los edificios más significativos de la ciudad día, el ceremonial “barroco” pretendía saturar todos los espacios de esta
que albergaban a las principales instituciones de la sociedad colonial área urbana central con elementos alegóricos relacionados con la ce-
subrayando su importancia. Esta “narrativa en actos” generaba un aura remonia en cuestión.
de poder colonial alrededor de la Plaza Mayor ampliamente reconocida Las ceremonias barrocas oficiales tenían como objetivo transformar
e utilizada, tanto por las elites como por la plebe, y en ocasiones era radicalmente el espacio urbano convirtiendo el corazón de la ciudad
apropiada como fuente de poder personal.39 En 1668, Tomasa, una esclava literalmente en un teatro. En el lenguaje de la época, la palabra teatro se
negra, explicó al juez de la Extirpación de Idolatría que para fortificar utilizaba metafóricamente para señalar el lugar donde algo o alguien se
sus poderes adivinatorios ella conjuraba las hojas de coca invocando a exponía a la estimación o censura del mundo o al Theatrum Publi-
los siete demonios nombrando en voz alta las calles adyacentes a la cum.43 En esta cultura de escrutinio público, la ostentación fue la señal
plaza, así como “la catedral, la residencia del arzobispo, el palacio vi- máxima de rango, poder y autoridad, y la “apariencia” se convirtió en
rreinal, el cabildo eclesiástico, la casa del cabildo [secular], y la horca”.40 un valor social altamente apreciado.44 En el siglo diecisiete, el poder se
manifestaba y constituía a través de la pompa externa de estas cere-

relativos al descubrimiento. Madrid: Imprenta de Frías y compañía, 1865, 4, pp.
390-402. AGI, Lima 97, Hernando de Valverde, Relación de las exequias y honrras 41. Osorio 1999.
fúnebres, hechas al Católico Rey de las Españas, y las Indias, Don Philipo tercero. 42. Ramos Sosa 1992: 17-19. También Lohmann Villena 1996 y 1994 y Wuffarden
AHML, LTCP- SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. 2000: 59-76 y Kagan 2000: 173.
Biblioteca Nacional de Madrid (BNM), Solemnidad Funebre i Exequias A La muerte
43. Definiciones de teatro coetáneas se encuentran en Covarrubias Horozco 1943. Para
del Catholico I Augustissimo Rei Nuestro Señor D. FELIPE IV el GRANDE, (Lima,
analizar las variaciones en las definiciones del siglo XVIII, véase el Diccionario
1666). BNP, Aclamacion y Pendones que levanto la muy noble y coronada ciudad
de la lengua castellana […] 1726 (1979).
de los Reyes por el Catolico y Augustissimo Rey D. Carlos II, (Lima, 1666), 17v.
44. Lima no fue diferente de ciudades europeas tales como París y Londres durante
37. VéaseValenzuela Márquez 1999.
este periodo. Sennett 1974: 3-5 y 12-88.
38. De Certeau 1988: 122-124.
45. Se podría decir que los oficiales participantes en estas ceremonias poseían poder
39. Durán Montero 1978, Pagden 1995: 44-45 y Rama 1996: 1-16. en proporción al reconocimiento que recibían en ellas de parte de los sujetos
40. Archivo Arzobispal de Lima (AAL), Sección: Hechicerías e Idolatrías, Año: 1668, coloniales que observaban la ceremonia. El vestir lujoso jugó un papel muy
Paquete: 7, Documento: VI, Folio: 18. importante como marcador de “distinción”. Bourdieu 1991: 106 y 1984: Parte I.

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16 monias.45 En forma similar, los diseños de estos nuevos centros urba- lonial alrededor de la Plaza Mayor. A pesar de esta cultura del callejón, 17
nos coloniales tales como Lima y las crónicas escritas sobre ellos pro- los oficiales coloniales y los habitantes de la ciudad cooperaron durante
porcionaron una especie de “comentario social” de la manera en que la las ceremonias en la transformación de la urbe en un teatro político
ciudad y su sociedad deberían funcionar idealmente. Como resultado, público, y este trabajo teatral englobó muchas prácticas cotidianas y
los cronistas criollos y españoles comenzaron a exagerar de manera espacios urbanos.
predecible la magnificencia de las ceremonias y de la ciudad en sus es- Las celebraciones oficiales barrocas implicaban grandes costos de
critos; particularmente hacia mediados del siglo diecisiete, las crónicas producción. Los oficiales municipales se quejaban continuamente al Rey
describen cada vez más una sociedad urbana extremadamente ordenada, y a otros oficiales de la ciudad de los problemas ocasionados por estas
lujosa y unificada. producciones en el presupuesto de la ciudad.50 Sin embargo, y a pesar
Las “apariencias” oficiales no lo eran todo, sin embargo, ya que de las quejas, las ciudades asumieron grandes deudas para producir estas
más allá de la anhelada magnificencia de las representaciones barrocas ceremonias en la forma “apropiada” de acuerdo al protocolo requerido,
y de los diseños perfectos de la ciudad ceremonial existía también otra lo cual implicó que en repetidas ocasiones los oficiales encargados de
realidad urbana; la de una ciudad de cuartos hacinados con familias las fiestas tuvieran que cubrir con sus propios fondos grandes porciones
pobres en edificios mediocres.46 Los callejones —llamados a veces ca- de los gastos originados por éstas cuando tanto el erario municipal como
llejones de cuartos— de numerosas habitaciones situadas alrededor de el real se encontraban desprovistos de dinero.51 En muchos casos, después
un patio común, usualmente equipados con una cocina y un gallinero, de las fiestas se entablaron numerosos juicios legales reclamando dicho
constituyeron una característica importante de la ciudad colonial y de la reembolso; sin embargo, fueron muy escasas las demandas que se re-
vida urbana limeña.47 Las condiciones de vida en estos callejones limeños solvieron favorablemente para los litigantes lo que propició, mas bien,
fueron precarias ya que en la mayoría de los casos estos cuartos peque- largas disputas sobre quién debía asumir finalmente las deudas incurridas
ños acomodaban a un sin número de personas convirtiendo la “vida durante las celebraciones.52 A pesar de esto, dado que las celebraciones
privada” en conocimiento público de la comunidad del callejón. La vida públicas constituían un reflejo de la “pena” o “alegría” que la ciudad y
comunitaria cotidiana de los callejones facilitó el intercambio entre mu- su gente sentían por su Rey, cada vez que se presentó la ocasión tanto
jeres pobres de diversas descendencias de sus conocimientos de curan- las ciudades como los vasallos se hicieron cargo de los gastos de pro-
dería, magia, y hechicería, convirtiendo los espacios interiores en lugares ducción de la ceremonia. Estas deudas personales eran asumidas en parte
fértiles para la creación de una cultura híbrida que coexistía conjun- porque el esplendor de las ceremonias públicas constituía un mensaje
tamente con la cultura oficial barroca de las ceremonias públicas.48 Los importante para otras ciudades rivales sobre la dominación económica
habitantes de estos callejones fueron el foco del proyecto civilizador y
disciplinante de la Extirpación de la Idolatría y de la Inquisición. Estos
callejones confirieron a la ciudad cortesana un carácter de laberinto “in- 50. El caso del cabildo de Santiago de Chile y el financiamiento de estas ceremonias ha
sido analizado por Cruz de Amenábar 1995: 38-41.
terior” —más privado— donde se practicaba una cultura plebeya en los
51. Véase, por ejemplo, BNM, Etiquetta Real de Palacio, y Marqués de Guadalcázar,
“mundos interiores” 49 más allá de los escenarios públicos del poder co- “Relación de los Estilos y Tratamientos de que usan los Virreyes del Peru, q.
remitio al Señor Conde de Chichón su subcesor, luego que llegó al Puerto de
Paita.
46 Véase Osorio 1999. 52. Ejemplos de ello se encuentran en: AAL, Curatos, 1625, 12, 3: Parroquia del
Sagrario y los Gastos q hicieron en el Recibimiento del Arcobispo Gonzalo de
47 Durán Montero 1992: 7.
Campo; y AAL, Papeles Importantes, Lima 1606/1609, I: 25: Exhibicion de todos
48. Véase Osorio 1999, Charney 1988: 9 y 11-16 y Vergara Ormeño 2000: 135-157. los procesos fulminados con referencias a las exequias de Santo Toribio de
49. Panfichi y Portocarrero 1995. Mogrovejo.

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18 y la magnificencia “social” poseída por la ciudad. La falta de moderación de las crónicas y de las historias de la urbe barroca.56 De esta manera las 19
fiscal de las ciudades barrocas en la producción de éstas lujosas ce- ciudades construyeron una “memoria” histórica de su constitución co-
remonias, incluso en momentos de crisis económica, debe ser entendida mo “cuerpo” o comunidad armoniosa. Esta historia urbana confirió a
por lo tanto en el contexto del significado político que las fiestas y sus las ciudades preeminencias sobre otras urbes basadas en su “antigüe-
relaciones tenían para el poder que ciudades como Lima ejercían —o dad”.57 Las ciudades proveyeron también sus memorias colectivas de
podían ejercer— sobre otras más pequeñas y provincianas. Las regu- relatos de su policía u orden y ornato como símbolos de su superiori-
laciones reales que trataron de moderar los gastos excesivos de las dad frente a otras urbes, ya que el diseño organizado y compuesto de
ceremonias cortesanas generaron una procesión interminable de de- sus calles constituyó un reflejo directo del buen gobierno de la sociedad
cretos oficiales advirtiendo a las ciudades que redujeran los costos y colonial. Calles y plazas sirvieron de escenario para la exhibición públi-
despliegues de excesiva “magnificencia” en sus ceremonias.53 Pero el ca de la condición de sus habitantes nobles y plebeyos por igual.
discurso de contrición fiscal del Rey parece no encajar con los sig-
nificados culturales y sociales que estas ceremonias ostentosas y opu- Las exequias reales, la proclamación del rey y el poder real
lentas tenían, así como con el lujo requerido por el estricto protocolo
que los gobernaba.54 Estos despliegues barrocos de riqueza y lujo han Según Peter Burke, el ritual en el siglo diecisiete fue visto como un
sido interpretados comúnmente desde un punto de vista puramente drama que requería ser representado para incitar a la obediencia.58 Du-
económico racional de costos y beneficios.55 Los cálculos de esta ín- rante el siglo diecisiete, el calendario ceremonial de Lima contemplaba
dole, sin embargo, ignoran el hecho de que el grado de lujo y opulencia más de trescientas fiestas:59 aquellas particularmente relacionadas con
pública constituyeron una fuente de capital simbólico requerido para el ciclo vital del Rey y de su real familia incluían la celebración y con-
ejercer poder sobre las ciudades rivales en el reino, en otras palabras, memoración de nacimientos, matrimonios, bautizos, muertes y las
como práctica política estratégica más que como una elección econó- rogativas por su salud y bienestar; por su parte, las fiestas ligadas al ci-
mica inmediata. A través de estos espléndidos rituales públicos, las ciu- clo vital de la monarquía celebraban las victorias militares, los santos
dades y sus vasallos pudieron acumular el capital simbólico que les per- patronos reales, y la proclamación del nuevo Rey. Las ceremonias reales
mitía luego ejercer como dominación sobre ciudades menores, lo cual, proporcionaron a los monarcas una oportunidad de materializar, aunque
a cambio, podía generar beneficios materiales adicionales en la forma por un tiempo limitado, diseños utópicos de espacios urbanos y consti-
de privilegios y favores otorgados por el nuevo monarca. La “magni- tuciones políticas.60
ficencia social” de las ciudades barrocas se basó en una combinación Las exequias reales y la proclamación del Rey fueron dos de las
de riquezas materiales, capital simbólico y el patrocinio de la corte ceremonias más majestuosas y costosas celebradas en Lima colonial.
metropolitana. En las Indias, estas ceremonias constituyeron dos ocasiones supremas
Los cabildos también fomentaron la imagen colectiva de sus ciu-
dades a través de rituales cívicos altamente elaborados, así como a través
56. Flor 2002: 166 y 184, Beverly 1993: 50 y Muir 1997: 7-8 y 55-72.
57. Bouza 1996: 53 y 1998: 26-57.
53. Diversas Ordenanzas que regulaban los costos excesivos de estas ceremonias fueron 58. Burke 1992: 7.
decretadas en España en 1588, 1674, 1684 y 1691. Véase Baena Gallé 1992: 31. 59. Acosta de Arias Schreiber 1997: 55-56. El caso de Santiago de Chile ha sido
También, Recopilación de leyes (1987), Libro IV, Título XIII, Ley x: Que los lutos estudiado por Cruz de Amenábar 1995.
por muerte de personas Reales, se paguen de los propios.
60. Véase Flor 2002: 161-182. También AAL, Papeles Importantes, Huánuco, 1613,
54. Véase, por ejemplo, BNM, Sucesos del Año 1619, “Relación” 80. 19, 3, 29 fojas, Autos sobre las costumbres que se ha de guardar en reciuir el
55. Véase Beezley y otros 1994. estandarte real en la Iglesia mayor parroquial en la ciudad de Huánuco.

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20 en que las ciudades como cuerpos corporativos —tanto en el sentido aceptación del pueblo de su nuevo señor y de su compromiso a de- 21
social como político— desplegaron sus poderes a través de la magni- fender, amar, respetar y honrar al Rey.63 El núcleo central de la pro-
ficencia exhibida en estos acontecimientos, los cuales llegaron a durar clamación fue, por lo tanto, el compromiso mutuo de lealtad que el Rey
en ocasiones hasta casi un año. Ambas ceremonias estaban diseñadas y sus vasallos juraron mantener.
para demostrar en conjunto tanto la “pena” y el “dolor” causados por la Siguiendo esta larga tradición, los miembros de la Audiencia y del
muerte de un Rey como la “alegría” de tener un sucesor. La ostentación Cabildo de Lima, tras recibir la cédula que anunciaba la muerte de un
mostrada en las ceremonias públicas en el siglo diecisiete constituyó un Rey, se reunían en sus respectivas oficinas en privado para leer y
reflejo directo del poder de la ciudad que las celebraba, así como una reconocer al nuevo monarca. Esta “elección simbólica en privado y
medida de su lealtad hacia el rey. De igual forma, la magnificencia aceptación en público” del nuevo Rey parece seguir la lógica de la
desplegada por los vasallos del Rey en sus vestuarios y en sus con- argumentación esgrimida en la relación escrita para la proclamación de
tribuciones a la decoración de la ciudad para la ocasión, estaban direc- Felipe II celebrada en el Cuzco en 1557. El escribano que describió la
tamente relacionadas con el amor individual y el grado de lealtad que ceremonia señaló repetidas veces que la había escrito para cumplir con
ellos sentían por su Rey. Estas grandes manifestaciones de pena y dolor lo que la tradición dictaba y para que más tarde fuera enviada al nuevo
durante las exequias reales fueron vistas como formas públicas e indivi- Rey como testimonio de la aprobación de la ciudad a su sucesión al
duales de pago por las mercedes o favores otorgados por el Rey muerto trono.64
a la ciudad y sus vasallos. En ese sentido, el lujo del vestuario del Alférez Durante el siglo diecisiete, para comenzar los preparativos de las
Real y su comitiva mostrado ostentosamente durante la proclamación ceremonias reales en Lima era necesaria una cédula real autorizando
del Rey reflejaba esta lealtad al monarca. formalmente la celebración de las exequias reales y la proclamación del
En la cédula real enviada a Lima con fecha de 24 de octubre de rey.65 A pesar de que la muerte de Carlos II se conoció en Lima varias
1665 comunicando la muerte de Felipe IV y la sucesión al trono de semanas antes del arribo de la cédula real que la anunciaba oficialmente,
España de Carlos II, la reina regente explicaba que la “tradición” de el dolor que el virrey Conde de la Monclova deseaba expresar pú-
proclamar al rey en España se remontaba a 1407 cuando el Duque de blicamente tuvo que esperar la llegada del documento oficial antes de
Alba, Don Fadrique de Toledo, había levantado los pendones por el rey poder anunciar formalmente su muerte a la ciudad.66 La gaceta mediante
Felipe I, el Hermoso, con el grito de “¡Castilla, Castilla, Castilla por el la que el virrey se enteró inicialmente del fallecimiento del monarca no
Rey nuestro señor!” 61 En Ávila medieval los reyes eran elegidos primero poseía, según el cronista, la “autoridad” necesaria para convocar el luto
por la nobleza y luego proclamados por el pueblo. La tradición de reunirse oficial. La decisión del virrey-conde de esperar la real cédula se entiende
en privado para organizar las ceremonias alrededor de la muerte y en el contexto de que la decisión de honrar la muerte del Rey con una
proclamación del Rey tiene sus raíces, según Angus MacKay, en la ceremonia pública no era únicamente suya ya que una vez recibida la
tradición medieval según la cual los nobles y oligarcas decidían en cédula, tenía que comunicar su contenido primero a la Audiencia y luego
privado aceptar o no al nuevo Rey para luego “actuar los rituales al Cabildo para que ellos, a su vez, pudieran “reconocer” la muerte del
tradicionales en público”.62 Esto equivalía a la “elección” del nuevo Rey y “aprobar” la sucesión del nuevo monarca por medio de la
monarca, quien luego juraba respetar los antiguos fueros o privilegios
de la tierra y concederles otros nuevos; la proclamación implicaba la 63. MacKay 1985: 22.
64. AGI, Lima 110, Relación de la Jura de Felipe II.
61. BNP, Aclamación y Pendones... Carlos II. Los orígenes se remontan a 1366. Eire 65. Angulo 1935: 137.
1995: 297. 66. BNCh, Joseph Buendía, Parentacion Real al Soberano... Señor Don Carlos II.
62. MacKay 1985: 19. Véase también Evans 1977: 121. Lima, 1701, fjs.19-21.

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22 designación de una fecha futura para las ceremonias.67 El conde de la Es posible que el hecho de que el Rey francés no muriera públicamente 23
Monclova recibió la cédula real que notificaba la muerte de Carlos II el creara una distancia con sus vasallos que no parece haber existido de la
día 6 de mayo de 1701. Los miembros de la Audiencia y del Cabildo se misma manera en el caso del monarca español.73 En Madrid, el cuerpo
reunieron en privado a las siete de la mañana del día siguiente en sus del Rey muerto se exhibía vestido de negro por varios días, mientras
respectivas salas para reconocer el documento ordenando un pregón que en las ciudades de sus reinos su muerte era representada por una
que se lo anunciara a la ciudad.68 urna cubierta con lujosas telas que simbolizaban las cenizas de su cuerpo
decompuesto, así como su majestad real. Su espíritu se encontraba
Las exequias reales omnipresente en las pinturas y en los artefactos que decoraban su
catafalco.74
En el barroco, tanto la muerte como la vida fueron celebradas de manera Las exequias reales constituían manifestaciones externas de “leal-
dramática. La transformación hecha por Felipe II, a fines del siglo tad” y de poder. Se esperaba, por lo tanto, que aquellos que recibían
dieciséis, de las exequias reales en un ritual oficial para ser celebrado mayores beneficios de Dios y del Rey realizarían mayores demostraciones
no sólo en Madrid sino en todas las ciudades de su imperio, permitió a de dolor y de alegría. Ello fue expresado por Pedro Ramírez en su pa-
la monarquía española exaltar su poder absoluto, al mismo tiempo que negírico pronunciado en la catedral de Lima en 1613 con ocasión de las
le facilitó la invención de un mito de origen para la nueva dinastía exequias de la reina Margarita de Austria. Ramírez planteaba que, si
austriaca.69 La celebración de las exequias reales no sólo fue un rito de bien todo el mundo estaba en deuda con Dios, el grado de ésta depen-
sucesión sino también una ocasión fúnebre que recordaba a todos su día de lo que cada cual había recibido de él. Según el fraile, dado que el
mortalidad, incluyendo la del monarca, a pesar de que la monarquía pa- Rey y la reina recibían más que nadie, estaban obligados a hacer un
recía sobrevivir más allá de su vida terrenal.70 Es importante contrastar mayor despliegue de dolor y así sucesivamente de acuerdo a la condición
la vulnerabilidad ante la muerte de los reyes españoles con la aparente social de cada uno.75 El dolor o la pena, sin embargo, no se expresaban
inmortalidad de los reyes franceses. Mientras que el elaborado ritual abiertamente con llantos o emociones vivas sino por medio de una mayor
estatal que rodeaba la muerte de los reyes franceses tenía como fin resaltar o menor ostentación reflejada en las dimensiones del túmulo y en el
la naturaleza sobrehumana o sagrada de la monarquía,71 el ceremonial largo y la calidad de las lobas (o túnicas fúnebres) llevadas en señal de
español subrayaba la vulnerabilidad humana del rey ante Dios.72 El duelo. Los lutos adoptados por todos los habitantes de la ciudad simbo-
colorido vestuario del Rey francés manifestaba su inmortalidad mientras lizaban obediencia y respeto por el difunto, a la vez que mostraban la
que el vestuario negro llevado por el Rey español mostraba su mortalidad. jerarquía social imperante en la ciudad.
El vestido ceremonial barroco —si entendemos estos lutos y los
vestidos lujosos como tal— tenían como fin reafirmar o establecer pú-
67. Después de 1701, los virreyes no procuraron ya el consenso del Cabildo y de la blicamente las cualidades de las personas que los vestían. También era
Audiencia en Lima. ampliamente sostenido en la sociedad colonial que el vestuario “apro-
68. BNCh, Parentacion real... Carlos II, 21-25. piado” preservaba el “correcto” orden social. Desde 1614, los lutos de
69. Véase Mejías Álvarez 1992, Maravall 1960, Eire 1995: 255-282, Varela 1990 y
Wilkson Zerner 1998.
70. Eire 1995: 296 y Orso 1989. 73. Véase Varela 1990 y Eire 1995. También BNCh, Cipriano de Medina, Oración en
71. Véase Giesey 1960. Memoria de las Zenizas de D. Isabel de Borbón. Lima, 1645.
72. Véase por ejemplo, BNCh, Sermon Panegirico Fvneral a ... Filipo IV. El Grande. 74. Alló Manero 1989, Baena Gallé 1992, Lisón Tolosana 1991, Mejías Álvarez 1992:
Lima, 1667, y BNCh, Sermon qve el Padre Maestro Fray Pedro Ramirez ... predicó 189-205, Orso 1989, Varela 1990 y Sebastián 1985: 110-120.
en las exeqvias ... de Margarita de Austria. Lima, 1613. 75. BNCh, Sermón que el Padre Maestro Fray Pedro Ramírez.

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24 los oficiales de la ciudad fueron financiados por la corona española.76 gobierno de éxito en la sociedad de la época. Dado que la autoridad se 25
Sin embargo, se esperaba que los oficiales, nobles, y personas importantes definía literalmente como ostentación, cubrirse con las lobas constituía
de la ciudad distribuyeran lutos a sus familiares, incluyendo a sus cria- un reflejo del rango de cada uno, así como la posibilidad de distribuirlas
dos.77 Las diferencias sociales eran evidentes en el largo y la calidad de a familiares y criados una medida de su poder patriarcal.80 Los cronistas
las telas utilizadas en la manufactura de los trajes ceremoniales. Por de estas ceremonias describían con gran dilatación y detalle los vestidos
ejemplo, los oficiales importantes de la ciudad vestían largas lobas de de los participantes más ilustres, incluyendo el color, forma y tamaño de
fino terciopelo con grandes capirotes y mangas muy amplias, mientras cada piedra que adornaba el sombrero de cada uno de ellos. Cada por-
que los oficiales menores vestían unas más cortas y fabricadas de bayeta. menor adicional en la narrativa constituía una manifestación más del
Se esperaba también que los pobres de la ciudad vistieran colores “ob- poder y autoridad de la persona descrita. El despliegue público del
scuros” y sombrero. Las dimensiones de las lobas eran importantes ya vestuario lujoso en la Lima del diecisiete, al igual que en la España
que su tamaño era asociado con la autoridad, de manera que mientras coetánea, físicamente representaba el poder. Fue en este “vestir” físico
más largas fueran, mayor era la autoridad que poseían. Estas vestiduras del poder donde residía la base de gran parte de la autoridad real, y
debían tocar el suelo y ser suficientemente largas y anchas para regular podemos asumir que también del poder colonial.81
la distancia entre las filas durante la procesión, uniformándola por medio
del paso regulado. ***
En el siglo diecisiete, el vestuario lujoso no solo constituyó un im-
portante símbolo de rango y poder, sino también un elemento funda- El 8 de octubre de 1621 cien repiques de campanas de la catedral de
mental del teatro público del poder.78 En sus Empresas, el escritor político Lima anunciando la muerte de Felipe III, respondidas por repiques de
Diego Saavedra y Fajardo señalaba que la “apariencia” era esencial para las otras iglesias de la ciudad, paralizaron toda la actividad urbana.82 Al
la correcta “división” de la sociedad barroca y que la “sumptuosidad” igual que los lutos —tanto el vestuario como el sentimiento público—
era símbolo de la reputación.79 La reputación y la justicia eran funda- eran considerados signos de lealtad y de amor por el Rey, los funcionarios
mentales para la inspiración y preservación de la “obediencia a la ma- oficiales que representaban a la corona o a la ciudad, “desaparecieron”
jestad”, tanto temporal como divina, así como para la conservación de de la vista pública hasta que las lobas requeridas fueron confecciona-
la fe, elementos esenciales para el buen gobierno del pueblo. La osten- das. La demostración de dolor necesitaba a la vez que todos los edificios
tación pública constituyó un ejercicio del poder esencial para lograr un públicos cubriesen sus exteriores de color negro. Incluso los interiores
debían en ciertos casos “vestirse” de negro; las murallas y ventanas
interiores de todos los edificios coloniales y municipales fueron cubiertas
76. En Lima, el protocolo de las exequias fue regulado primero por el Virrey Hurtado con cortinas negras. El luto real requería también que la cama del virrey
de Mendoza, primer Marqués de Cañete (1555-1561) en una provisión de 1559.
AHML, LTCP, Provisión de Don Hurtado de Mendoça Virrey del Peru = Lutos del exhibiera sábanas negras mientras durara el duelo.83 De acuerdo a un
Rey. Consúltese también, Recopilación de leyes, Libro IV, Título XIII, Ley x: Que testimonio de la época, la tela negra creaba una ausencia de color y tex-
los lutos por muertes; AHML, LTCP, Cédula Real sobre lutos (1614), y Recopilación
de leyes, Libro III, Título XV, ley ciii, Precedencias. Por muerte de Virreyes, ó
Presidentes, ó sus mugeres no vsen los Ministros de lobas de luto, ni falten à la
Audiencia. 80. AHML, Libro IV de Cédulas y Provisiones, Provisión y pragmática de los lutos,
77. AHML, LTCP, Cédula Real de Lutos, 1614. 1605.
78. Véase Cummins 1991: 203-231, y AHML, LTCP, Provisión Real para que los 81. Diccionario de la lengua castellana [...] 1726.
Mulatos, Mulatas, Negros, ni Negras no vistan ni traigan Grana, Seda ni Oro. 82. AGI, Lima 97, Relación de las exequias... Philipo tercero.
79. Saavedra y Fajardo 1960 (volumen II, Empresa XXXI): 61-62 y (XXI): 57, 67. 83. Véase BNCh, Parentación Real... Carlos II.

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26 tura —eliminando los edificios y la ciudad del campo visual— haciendo una libra cada una. Las demás parroquias de la ciudad recibieron 27
real y tangible la fatal ausencia del Rey difunto.84 cincuenta velas de una libra cada una para sus propias ceremonias.88
El túmulo fue, tal vez, la única estructura “colorida” de la ceremonia La ceremonia central del funeral real se llevó a cabo un jueves por
de las exequias reales. Era una construcción de dimensiones monu- la tarde cuando cada una de las cuatro ordenes religiosas de la ciudad se
mentales que usualmente se situaba en la nave central de la catedral de dirigieron hacia la catedral con sus comunidades portando cruces y
Lima.85 En el día de la ceremonia, esta estructura masiva se iluminaba guiadas por las imágenes de sus respectivos santos patronos: Santo
con miles de velas que recordaban al público lo transitorio de su exis- Domingo, San Francisco, San Agustín, y la Virgen de la Merced, todas
tencia terrenal ya que la vida, como la llama de las velas, quemaba bri- vestidas de luto. El Arzobispo Pedro de Villagómez continuaba la
llante e intensamente pero sólo por un tiempo limitado. Este despliegue comitiva vistiendo un gran sombrero sobre su gorra sacerdotal al frente
de luz representaba la naturaleza efímera de la vida y la imposibilidad de una gran procesión de más de cuatrocientos clérigos seculares en
de evitar la muerte, incluso para el Rey.86 El contraste entre la oscuridad sobrepellices, además de prebendados y canónigos vestidos con largas
del interior de la iglesia y la luminosidad del catafalco evocaba el triunfo capas de tafetán negro. La nota más espectacular de la ceremonia fue,
de la vida sobre la muerte; estos símbolos podían referirse tanto al Rey sin duda, el túmulo construido en la nave central de la catedral, tan alto
como también a cada uno de sus vasallos. como su cúpula.89 El catafalco era una gran pieza arquitectónica con
De acuerdo a Josephe de Mugaburu, las exequias de Felipe IV fueron espacio para más de tres mil velas cuya magnificencia, de acuerdo a
celebradas en Lima con tanta solemnidad y grandiosidad como en la Mugaburu, resaltaba aun más en la oscuridad producida por los cortinajes
corte misma del Rey.87 Las ceremonias comenzaron con una procesión de damascos negros y monedas de oro sevillanas (que reflejaban la luz
militar de cinco batallones, cada uno con cien hombres uniformados y titilante de las velas) que cubrían la totalidad de las murallas interiores
enlutados. Estos quinientos hombres vestidos de negro fueron seguidos de la catedral, así como el techo y su cúpula.90
por doscientos cincuenta y cuatro oficiales coloniales, criollos y clérigos El túmulo de dimensiones y luminosidad impresionantes contenía
vestidos con largas y anchas lobas. Mientras sucedía todo esto, un tiro siempre un sin fin de significados políticos. En Lima, el catafalco de
de artillería fue escuchado en la ciudad cada hora durante dos días Felipe III representaba el destino del Rey: “sus victorias y hazañas
consecutivos, a la vez que las campanas de la catedral tocaron cien mundiales, los rastros de su fama permanente, y su feliz entrada a la
campanazos cada hora respondidos por todas las iglesias de la ciudad. beatitud eterna” y estaba adornado con muchas pinturas que repre-
Mugaburu relata que durante la ceremonia fueron consumidas solamente sentaban “las principales historias y eventos ocurridos durante el gobierno
en el catafalco de la catedral dos mil treinta y una libras de cera. Du- del Rey”. Debido a que estos hechos, de acuerdo al cronista, habían
rante las procesiones que transitaron por las calles de Lima marcando el sucedido por orden explícita de Felipe constituían un fiel testimonio de
duelo real, cada orden religiosa que entraba en la catedral para decir su buen gobierno, sensatez, y éxito como monarca. Los cuadros exhibidos
misa o cantar el responsorio recibía cien libras de cera —o cien velas de en la estructura enfatizaban las entradas triunfales del Rey a diversas
ciudades europeas y los numerosos escudos de armas de todos sus
reinos.91 Dado que estas representaciones sólo incluían mensajes positivos

84. AGI, Lima 97, Relación de las exequias... Philipo tercero.
85. Véase Ramos Sosa 1992: 123-200, Varela 1990: 115 y Strong 1984: 42-64. 88. Mugaburu 1975: 102-105.
86. Rodríguez Crespo 1956. Agradezco a Martín Monsalve por facilitarme una copia 89. BNM, Solemnidad Funebre i Exequias... Felipe IV.
de esta transcripción. Véase también, Varela 1990: 111 y Sebastián 1985: 93-125. 90. Mugaburu 1975: 103. BNM, Solemnidad Funebre i Exequias... Felipe IV.
87. Mugaburu 1975: 102. 91. AGI, Lima 97, Relación de las exequias... Philipo tercero.

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28 de las “hazañas” del Rey, tales imágenes “favorables” de su gobierno Cápac que incorporaban a la dinastía del Perú a Carlos V, Felipe II y 29
sugieren un intento de reinterpretar la historia en términos positivos en otros reyes españoles como herederos legítimos del Imperio Inca.97
las mentes de sus vasallos.92 La importancia de éste linaje estuvo también presente en los retratos
Los panegíricos relatados durante las exequias reales constituían reales que usualmente se colgaban alrededor del túmulo intercalados
una forma adicional de reinterpretación de la vida y obra del soberano con los escudos de armas de los reinos. En las exequias reales celebradas
fallecido. Estos sermones adulatorios eran siempre en primer lugar en Quito para la reina Margarita de Austria en 1613, la dinastía de los
lecciones de historia, donde, antes de narrar las virtudes y victorias del Austrias estuvo representada en veintisiete retratos de los reyes españoles
Rey muerto, se delineaba la genealogía del Imperio y se nombraban los desde Pepino I, Duque de Bravantia, hasta Felipe II.98 Estos retratos de
monarcas pasados, sus hazañas militares y sus virtudes mundanas. A cuerpo entero y del tamaño del cuerpo humano, de acuerdo al cronista,
pesar de la censura a la que eran sometidos antes de su publicación, fueron copiados de un libro de “estampas” con gran cuidado para re-
estos panegíricos también podían criticar el gobierno del Rey fallecido. producir fielmente el detalle histórico de sus “trajes originales y otros
En 1666, Miguel Sanz Bretón comparaba la muerte de Felipe IV con la detalles”. El cronista enfatizó repetidas veces que estos retratos eran
ausencia de “mucho sol” en los reinos del Perú.93 Aunque es posible que “vivas” copias perfectas de las copias del libro, haciendo de ellos los
Sanz Bretón se haya referido metafóricamente solamente al vacío cau- mejores y más “vivos” retratos en el reino.99 La copia fiel de la copia de
sado por la muerte del Rey, la idea de rayos débiles que apenas tocaban los retratados hacía que estos retratos fueran no sólo auténticos sino
sus reinos distantes era frecuentemente una metáfora utilizada como también “vivos”; las imágenes poseían el aura de los representados.100
crítica al gobierno del monarca español.94
El catafalco de Felipe III en Lima exhibía numerosos escudos de La proclamación del Rey
armas reales estratégicamente situados alrededor de la urna que re-
presentaba el fallecido cuerpo del Rey cubierta con lujosos damascos Mientras que los retratos de sus antecesores y los escudos de armas
de brocados que manifestaban su majestad. En esta representación del conectaban al Rey muerto con sus ancestros y las grandes dinastías
Rey muerto lo que lo sobrevive no es la justicia, como en le caso de los europeas, el singular retrato real situado en el trono bajo un dosel dorado
reyes franceses —simbolizado por la lit de justice— sino más bien su en el centro del gran tablado en la Plaza Mayor de Lima, ubicaba al Rey
dinastía o genealogía real representada en el gran número de escudos de vivo en el corazón mismo de la ciudad colonial. En la proclamación de
armas presentes.95 Estos blasones asociaban al Rey con otros monarcas Felipe IV, el gran escenario construido para su celebración frente al
y casas reales europeas, permitiendo a los Austrias exaltar su linaje palacio virreinal y cercano al Cabildo medía 20 varas de largo por 15
dinástico como una fuente más de su poder y autoridad.96 El poder so- varas de ancho y 2.5 varas de alto. En cada esquina del estrado había
cial del linaje era claramente comprendido en el Perú como se reflejaba una pirámide de 12 varas de altura y 1.5 varas de ancho cubierta de
en las representaciones iconográficas de las genealogías Incas de Manco sedas de colores con una esfera en cada ápice adornada con rosas, rasos,
sedas y tafetanes. A la par que las proporciones del estrado y las lujosas
decoraciones daban testimonio de la majestad del Rey, la plataforma
92. Sobre el reinado de Felipe III, véase Allen 2000. Madway 2000, por su parte, analiza
la práctica inglesa de reescribir la historia de las hazañas del rey. 97. Véase Julien 2000: especialmente capítulo 3; también Cummins 1991: 203-231 y
93. BNCh, Sermon Panegvirico... Filipo IV. 1996, Gisbert 1980 y Rowe 1967.
94. Gil Pugol 1997: 231. 98. Rodríguez Crespo 1956.
95. Hanley 1999: 65-106 y 41-64. Véase también Kamen 2003: 3-93 y Maravall 1960. 99. Ibid., 217.
96. Trexler 1980: 92 y Maravall 1960: 102-112. 100. Véase Benjamin 1998: 217-251. También Baudrillard 1983 y Gruzinski 2002.

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30 rectangular, las rosas y las pirámides evocaban su perfección. Sobre cambio en las representaciones sugiere, por último, la consolidación de 31
este escenario “perfecto” se encontraba otro más pequeño de 14 varas Lima como centro indiscutible del poder colonial en el virreinato del
de largo por 8 varas de ancho con cuatro columnas dóricas que sostenían Perú.105
el dosel bajo el cual se encontraba el trono del Rey situado sobre una La proclamación de Felipe IV celebrada en Lima el domingo 6 de
alfombra persa. Las murallas de ésta sección estaban cubiertas con febrero de 1622, casi dos meses después de la celebración de las exequias
cortinas de raso rosado de las cuales colgaban numerosos retratos de los de Felipe III, mientras que la proclamación de Carlos II se celebró el
ancestros del monarca. En las dos columnas delanteras que sostenían el sábado 17 de octubre de 1666, exactamente un mes después de las
dosel había dos estatuas gigantes “de bulto” representando a las “dos exequias de Felipe IV. El período transcurrido entre las dos ceremonias
más ilustres” ciudades del reino: Lima y Cuzco. Cada una de ellas estuvo copado por procesiones diurnas y nocturnas de clérigos vestidos
sostenía en sus manos una corona levemente inclinada hacia el dosel de luto, acompañados de música lúgubre, coros e incienso que emanaban
“como ofreciéndola de buen agrado [al] Rey Nuestro Señor en su trasunto de las diferentes iglesias de la ciudad saturando el aire y las calles de la
en quien respetavan su Magestad no menos que en su original”.101 urbe triste por la muerte de su Rey. Sin embargo, esta atmósfera lúgubre
A pesar de que Lima y Cuzco aparecen coronando al Rey en igual- se transformó rápidamente en exuberancia cuando la ciudad comenzó
dad de condiciones el hecho que el gesto ceremonial se efectuara en los preparativos para proclamar al nuevo monarca. El viernes 4 de febrero
Lima y no en Cuzco es significativo ya que la ceremonia dotaba a Lima de 1622, un pregón que anunciaba la próxima proclamación de Felipe
con el capital simbólico y un aura de autoridad que podía emanar al IV exhortó a los habitantes de la ciudad a salir al día siguiente con achas,
resto del virreinato. En esta iconografía las capitales inca y colonial fuegos artificiales, y otras alegres “invenciones” de acuerdo a las po-
estaban incluidas bajo el poder del Rey español creando una trinidad sibilidades y deseos de cada uno y celebrar así la noticia.106 Inmedia-
unificadora. En la proclamación de Carlos II en 1666, esta iconografía tamente después, y en marcado contraste con las exequias reales, las
de las urbes había sido reemplazada por una figura del Inca ofreciendo campanas de la catedral repicaron alegremente, las gentes se despojaron
una corona imperial al Rey de España y una de la Coya extendiéndole de sus lutos y vistieron lujosos trajes de diversos colores, a la vez que
flores.102 Hacia fines del siglo diecisiete, tanto las ciudades españolas los edificios cambiaron sus colgaduras fúnebres por ricas y coloridas
como las coloniales habían experimentado una considerable erosión de alfombras persas, sobrecamas de Holanda y sedas de la China. Durante
sus poderes y autonomía bajo el reinado de Felipe IV.103 La sustitución la proclamación, terciopelos bordados con hilos de oro colgaban de las
de las ciudades por imágenes del Inca y la Coya podría reflejar este ventanas y balcones desde donde las damas observaban a los caballeros
cambio. Sin embargo, la transformación en la iconografía coincidió lujosamente vestidos paseándose más abajo por la plaza.
también con el aumento de la legitimidad experimentada por los Incas
como símbolos imperiales tanto en el Perú como en Europa.104 Este ***

La entrada del Alférez Real a la plaza llevando el lujoso Estandarte
101. AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. Real que exhibía los escudos reales de un lado y los de la ciudad de
102. BNP, Aclamacion y Pendones que levanto la muy noble y coronada ciudad de los Lima —con tres coronas y una estrella— en el otro, iniciaba el acto
Reyes por el Catolico y Augustissimo Rey D. Carlos II. Lima, 1666. Sobre el papel
culminante de la proclamación. Acompañado de dos alcaldes ordinarios
del Inca y la Coya en las ceremonias del reino de Quito, véase Espinosa Fernández
de Córdoba 1989: 17-21; un análisis del mismo tema en el Cuzco se encuentra en y miembros del Cabildo, el alférez subió las escaleras al estrado donde
Dean 1999.
103. Latasa Vassallo 1997: 118-153. 105. Osorio 2001.
104. Véase Burga 1988, Espinosa Fernández de Córdoba 1989 y Osorio 2003. 106. AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto.

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32 se encontraba sentado el Rey. Parado frente a su retrato, el alférez hizo nica de la proclamación de Carlos II en 1666, el escritor también señaló 33
tres reverencias agitando el estandarte después de cada una y arrodilla- que el retrato del Rey “[r]epresentaba Magestad, imperio, y dominio”.111
do frente al presidente de la Audiencia, exclamó: “Esta ciudad de los Descripciones coetáneas de los retratos de Felipe IV y Carlos II enfatizan
REYES, viene en cumplimiento de lo que S. Magd. manda conforme a los ojos del Rey; en ellas se sugería que se podía llegar a la esencia
su obligación, y fidelidad a alzar Pendones por su Rey, y Señor natural, misma del monarca a través de la fiel representación de sus ojos ex-
el REY Don Felipe quarto deeste nombre que Dios guarde muchos años”. presivos.112 Antonio de León Pinelo explicaba en 1641 que la cara re-
El Rey, hablando a través de la voz del oidor más antiguo, reconociendo velaba la naturaleza de la persona en su totalidad, tanto espiritual cómo
la fidelidad de la ciudad y su amor por él reflejada en su despliegue de físicamente “porque todo se abrevia en el rostro, i a él se reduzen las
“grandes demostraciones de juvilo, y fiestas, y tan excesivos gastos”, perfecciones, que en los demas miembros estan repartidas”.113 En la
juró respetarle sus viejos privilegios y concederle nuevos en el futuro. opinión de Pinelo, uno podía alcanzar el espíritu de la persona a través
Tomando el Estandarte Real del Alférez Real, el oidor se adelantó y de sus ojos. Citando a Ovidio, Pinelo señalaba que “en el rostro està el
parado frente al Rey proclamó: “¡Castilla, León, Piru, por el REY nuestro afecto, i este se comunica por los ojos”.114 Según él, la cabeza comprendía
SEÑOR FELIPE DIOS GUARDE muchos años!” El público exclamó en el cuerpo entero; a pesar de que entendía que ella terminaba en el cuello,
respuesta: “¡Viva el REY Nuestro Señor Felipe quarto; viva el Rey felices afirmaba: “toda la muger es cabeça” y “sus límites se entienden, hasta
años!”107 donde comienza el vestido”.115 La noción de la cabeza como la suma
total del cuerpo estaba reflejada en la teoría política de la época, dónde
El retrato del Rey y el ejercicio del poder real el Rey “incorporaba” como la “cabeza”, la totalidad de sus reinos y
poderes.116 Para Pinelo, el acto de mostrar la cara implicaba “descu-
En su relato, Román de Herrera dedica especial atención a las di- brir[se]” ambos en el sentido de descubrimiento y de revelación de sí a
mensiones y ornamentación del marco del retrato de Felipe IV exhibido otros.
en Lima.108 A partir del Renacimiento, los marcos dorados simbolizaron Durante el siglo diecisiete, la monarquía española, tanto en España
rango y distinción pasando a constituir un aspecto esencial de la virtud como en Lima, adoptó cada vez más la costumbre de que los retratos
de la imagen, confiriéndole honor social a la persona circunscrita en reales presidieran las ceremonias reales en lugar del Rey ausente. El
ellos.109 En Lima, la pintura de Felipe IV lo mostraba de cuerpo entero “éxito” de la sustitución de lo “real” por el simulacro se ilustra en el
reclinado y vestido de color purpúreo; tanto la postura del rey como el incidente que ocurrió durante la rebelión napolitana de 1647 cuando los
color de su vestuario eran signos de realeza. A pesar de que el retrato mismos rebeldes que habían iniciado el fuego que destruyó el palacio
mostraba al rey de cuerpo entero, Herrera sólo enfatizó la parte supe- real rescataron el retrato real de Felipe IV arrastrando sus estandartes
rior alta, o más específicamente su cara, señalando que su leve sonrisa
—también un gesto real— transmitía un mirar autorizado.110 En la cró-
111. BNP, Aclamacion y Pendones... Carlos II.
112. BNP, Aclamacion y Pendones... Carlos II, 36-36v.
113. BNCh, Antonio de León Pinelo, Velos Antiguos i modernos en los rostros de las
107. AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. mugeres sus con ueniencias i daños. Ilustracion De la Real Prematica de las
108. AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. Tapadas. Madrid, 1641: 72.

109. Trexler 1980: 92. 114. Pinelo, 1641: 73. Véase también Ovidio 1982:166-238 y Sennett 1976: 3-44.
110. AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. 115. Pinelo, 1641: 78v-79.
También, “Instrucción dada al Marqués de Montesclaros”, 267-272. Para el caso 116. Véase Diego de Tovar Valderrama, Instituciones Políticas, Alcalá de Henares, 1645
de México, véase Schreffler 2000. y Kantorowicz 1957.

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34 reales inmediatamente después como gesto de obediencia y respeto al virtud de esta ausencia, combinado con el hecho de que el virrey no 35
monarca.117 estuviera presente durante las ceremonias reales en el siglo diecisiete.
Por lo tanto, el Rey español en Lima fue una imagen de autoridad no
*** muy distinta de la de Dios: podía verlo todo pero nunca ser visto en
persona. En otras palabras, la presencia del Rey se podía sentir pero su
Tras la llegada de la dinastía borbónica en el siglo dieciocho, la pre- cuerpo “material” sólo podía ser imaginado.
ponderancia del retrato del Rey en los rituales públicos limeños declinó En la metafísica barroca, la distinción entre “el símbolo y lo sim-
sistemáticamente. Ya para la proclamación de Felipe V en 1701, el retrato bolizado” (o entre el signo y el significador) fue minimizada ya que se
singular del Rey no fue exhibido en la plaza mayor durante su pro- creía que todas las cosas poseían una correspondencia oculta. El corazón,
clamación. En su reemplazo, la ciudad repartió entre el público presen- por ejemplo, no sólo sirvió como metáfora del Rey, sino que también
te estampas o pequeñas imágenes impresas del rey ausente. Para la podía ser el Rey.120 Bernard Cohn ha señalado que en la India [oriental]
proclamación de Carlos III en 1759, la “cara y cuerpo” del Rey de- en el siglo diecisiete “el cuerpo del gobernador fue literalmente su
saparecieron completamente y en su lugar el Real Pendón fue acomodado autoridad, cuya sustancia se transmitía a través de lo que los europeos
en almohadones de lujoso brocado abajo el dosel en el centro del es- vieron como objetos. La ropa, las armas, las joyas y el papel constituyeron
cenario en la Plaza Mayor.118 En esa misma ocasión, la aclamación se los medios por los cuales el gobernador podía transmitir la sustancia de
redujo a “Castilla y las Indias” y los “reinos del Perú” fueron perma- su autoridad a una persona elegida”.121 En el Perú, los reyes españoles
nentemente abandonados. Estos cambios sugieren que la “presencia” y eran también “conocidos” por sus vasallos mayoritariamente a través de
relación más personal de los Austrias dio paso a una representación más “objetos” tales como sus retratos, emblemas, insignias reales, y “pa-
abstracta de la figura del Rey bajo los Borbones. De igual manera, estas labras” inscritas en las Cédulas Reales escritas en papel sellado y pro-
transformaciones reflejan un cambio en la relación política imperial con minentemente firmadas: Yo EL REY. Estos objetos y palabras deben ser
sus territorios que finalmente convirtió a los reinos del Perú en una vistos en el contexto americano como un simulacro barroco.122 En re-
mera colonia de España hacia fines de siglo. El ceremonial político del sumen, el simulacro —o copia sin un original— del Rey español fue
siglo dieciocho en Lima reflejó rápidamente el protocolo ceremonial verdadero/real para sus vasallos coloniales del Perú.
observado por los Borbones franceses eliminando permanentemente el La hiperrealidad del Rey en la Lima del diecisiete fue revelada a
cuerpo y los ojos del rey de las ceremonias públicas así como de sus sus vasallos ultramarinos en diversas ceremonias centradas alrededor
descripciones.119 de su real persona. Ellas tuvieron la doble función de (re)presentar al
Rey y de unir a leales y amantes vasallos en un pacto con él.123 En una
Reflexiones finales palabra, el simulacro constituyó un ejercicio barroco del poder colonial
y no una mera “exageración colonial” como han señalado algunos
Como en las Indias el Rey “vivo” no fue “producido” jamás, la ausencia autores.124 Esta celebración y su despliegue ceremonial fueron vistos
del “original” condicionó el entendimiento y la relación política con su
simulacro, haciéndolo efectivamente “real”. Dado que el referente no 120. Varela 1990: 80. Véase también Checa y Morán 1989.
fue visto nunca en Lima, el simulacro se convirtió en verdadero por 121. Cohn 1985: 279; traducción de la autora. Sobre este tema consúltese también Pérez
Samper 1997: 379-394.
117. Gil Pujol 1997: 233. 122. Véase Gruzinsky 1994 y Baudrillard 1983.
118. Véase BNP, Anonimo. Solemne Proclamacion... Felipe V, y BNP, Lima Gozoza. 123. Véase Trexler 1980 y Kertzer 1988.
119. Véase Burke 1992 y Marín 1993. 124. Palma 1964.

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36 como elementos esenciales en la inspiración y mantenimiento de la obe- John Beverly ha señalado que hacia fines del siglo diecinueve, el 37
diencia a la majestad,”tanto temporal como divina”.125 La cara de Jano barroco fue visto por los intelectuales como “un estilo cultural esen-
de las exequias reales y la proclamación del Rey, o de la muerte y la cialmente reaccionario”.131 Las ceremonias barrocas en las Indias han
vida y la continuidad de la monarquía, están quizás mejor expresadas en sido frecuentemente interpretadas como evidencia de la decadencia y
aquel antiguo proverbio castellano, “A rey muerto, rey puesto”.126 corrupción del estado colonial. En su estudio clásico The Spanish Em-
José Antonio Maravall, José Díez Borque y otros autores han se- pire in America, C. H. Haring, por ejemplo, sostiene que una de las
ñalado que la celebración de las exequias reales proporcionó a la mo- características de la política española en América desde mediados del
narquía española una ocasión más para realzar su majestad y poder, siglo dieciséis fue “casi [...] [una] petrificación de su vida institucional”.
manipulando desde la cúspide las emociones de sus vasallos. De igual Añadiendo que durante este periodo la historia del estado español en
manera, para Ángel Rama, los centros urbanos del imperio, o las ciudades América se convirtió “en poco menos que una colección de anécdotas
coloniales constituyeron “el principal instrumento de comunicación so- más o menos pintorescas” donde los conflictos jurisdiccionales y los
cial, a través de las cuales se dirigía la diseminación pública de las ideo- problemas de etiqueta consumieron la vida de los jueces y virreyes.132
logías sociales”.127 Como Maravall, Rama señaló también que los des- Detrás de la crítica de Haring al protocolo político ceremonial de la
pliegues ceremoniales públicos de la ciudad barroca —tales como los América española está la noción de que más allá de la “irracionalidad”
arcos triunfales erigidos para las entradas virreinales— constituyeron del barroco se podía encontrar un orden político “racional” ejemplificado
un “simulacro político” y un “teatro de virtudes políticas”.128 Para Rama, por el Liberalismo Ilustrado ausente en el continente colonial. Este
sin embargo, ambos temas mostraban el “funcionamiento ideológico de estudio sugiere, sin embargo, que la etiqueta pública proporcionó más
los intelectuales coloniales, ejemplificando la manera en que ellos inten- que simples “anécdotas pintorescas” de un estado colonial “momificado”,
taron conjugar diversas fuerzas sociales, y tipificar su constante exal- ya que tanto las ceremonias barrocas de Lima como las crónicas oficiales
tación de (y búsqueda del patrocinio de) aquellos que, como la figura de ellas, constituyeron conjuntamente la verdadera esencia de la acción
carismática del virrey, personificaban el poder real”.129 Si bien es cierto de gobernar en este periodo temprano moderno colonial.133
que las crónicas oficiales de las ceremonias barrocas enfatizan la idea
de que el ornamento y la decoración representaban el poder real y que ***
las ciudades utilizaron las ceremonias y las propias crónicas de estos ri-
tuales en sus rivalidades y disputas, la presunción de que las elites loca- Según John Beverly “el concepto del estado absolutista de Maravall
les las realizaron como simples “instrumentos” para la diseminación de —quien lo deriva de la caracterización de Weber de la burocracia del
sus ideales tiende a subestimar el papel de estas ceremonias como impor- estado moderno— asume una gran confluencia de intereses entre la Co-
tantes rituales políticos en un proceso histórico de formación cultural.130 rona, la nobleza, y la Iglesia, así como un grado demasiado alto de
centralización y racionalidad funcional “al aparato del estado en sí”.134
Para Beverly, una visión más productiva de la representación del estado
125. Véase Saavedra y Fajardo 1960 (II, XXI): 57 y 67. en la cultura del barroco, sería verlo “como lo imaginario —en un sentido
126. O’Kane 1959. “lacaniano” de la proyección del deseo que sistemáticamente malin-
127. Rama 1996: 23. Traducción de la autora.
128. Ibid., 24. 131. Beverly 1993: 47.
129. Rama 1996, 24. Traducción de la autora. 132. Haring 1947: 76.
130. Véase Maravall 1986, Bonet Correa 1983: 45-78, Díez Borque 1986: 11-40, Mejías 133. Geertz, 1980: 13.
Álvarez 1992 y Beezley y otros 1994. 134. Beverly 1993: 60.

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38 terpreta lo real— del absolutismo, más que como una manifestación de REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 39
su coherencia y autoridad”.135 Las ceremonias oficiales de Lima fueron
realmente “imaginarias”, o representaciones deseadas de un centro de
poder “unificado” a través de las cuales se plasmaba e infundía el
imaginario del estado. La imagen del Rey confirió coherencia a lo que ACOSTA DE ARIAS SCHREIBER, Rosa María
fue de otra manera, una sociedad colonial fragmentada; el simulacro del 1997 Fiestas coloniales urbanas (Lima, Cuzco, Potosí). Lima: Oto-
Rey y sus ceremonias públicas constituyeron el ejercicio del poder y no rongo Producciones.
simples “representaciones” de éste. Aún más, el simulacro del Rey fue
ALFONSO SÁNCHEZ COELLO Y EL RETRATO EN LA CORTE DE FELIPE II.
esencial para la creación/producción del aura cortesana de Lima colo-
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131. Entre la coca y la cocaína. Un siglo o más de las paradojas de la droga
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132. Posibilidades y límites de experiencias de promoción de la participación
ciudadana en el Perú. Romeo Grompone. 2004.
133. Análisis de la morosidad de las instituciones microfinancieras (IMF) en
el Perú. Giovanna Aguilar A. y Gonzalo Camargo C. 2004.
134. La memoria post-colonial: tiempo, espacio y discursos sobre los sucesos
de Uchuraccay. Hiromi Hosoya. 2004.
135. Cucharas en alto. Del asistencialismo al desarrollo local. Fortaleciendo
la participación de las mujeres. Cecilia Blondet y Carolina Trivelli. 2004.
136. El Agrobanco y el mercado financiero rural en el Perú. Giovanna Aguilar.
2004.
137. Las ONG y el crédito para las mujeres de menores ingresos: debates
sobre el desarrollo. Gina Alvarado. 2004.
138. ¿Descentralismo sin partidos? El caso del Apra en el gobierno regional
de San Martín durante el primer año de gestión. Carlos Meléndez. 2004.
139. La ciudadanía en debate en América Latina. Discusiones historiográficas
y una propuesta teórica sobre el valor público de la infracción electoral.
Martha Irurozqui. 2004.

p. 50
IEP/ DOCUMENTO DE TRABAJO IEP/ DOCUMENTO DE TRABAJO
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Véase Río Barredo, 2000.
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Véase Foucault 1994: 46-77; Rama 1996: 3; Tanner 1993 y Alfonso Sánchez Coello. 13. Benjamin 1988: 217-224.
Sobre las ceremonias en la Nueva España donde la figura del Rey y su simulacro, particularmente su retrato, parecen no haber tenido la misma importancia, véase Curcio-Nagy 1993.
Véase Osorio 2001: 249-259. Acerca de los usos de estas crónicas en Chile, consúltese Cruz de Amenábar 1995: 78-85.
Una discusión acerca de esta disputa se encuentra en Osorio 2001: capítulo uno.
Esto se logró con la canonización de Santa Rosa de Lima en 1671 y su designación como la santa patrona de todo el imperio español incluyendo a las Filipinas ese
Río Barredo 2000; Strong 1973; Dickens 1977 y Domínguez Ortiz 1969 y 1984.
Véase Pagden 1995; Lechner 1981; Sánchez-Concha Barrios 1996 y Coello de la Rosa 2000.
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Ibid. Véase también Strong 1984.Una discusión del universo social constitutivo de estas liturgias se encuentra en Bourdieu 1991: 107-116.
Checa y Morán 1989: 236. Véase también de la Flor 2002, Edgerton 1980, Burke 1986: 162-176, Muir 1997: 147-154, Trexler 1980: 1-9 y Cañeque 1996: 334.
Véase La plaza en España e Iberoamérica 1998 y Álvarez Requillo, y otros 1982. También Kagan 2000: 19-44 y 169-176; para el caso de Madrid, Escobar 2003.
Libros de Cabildo de Lima (LCL) 1935, volumen I, "Fundación de Lima". 33. Ibíd.
La plaza mayor fue perdiendo su centralidad en estas ceremonias durante el siglo XVIII. BNP, Anónimo, Solemne Proclamacion... Felipe V. y BNP, Lima Gozosa. Véase también Bromley y Barbagelata 1945, Eguiguren 1945, Gálvez 1943, Gunther 1983 y Panfichi 1995:15-42.
Bourdieu 1991: 111-113.
Pueden ser consultadas las siguientes relaciones del siglo XVII donde éste es el caso: Archivo General de Indias (AGI), Lima 110, Relacion de la Jura de Felipe II, Cuzco 1557, y "Jura de Felipe II en Lima." En Colección de documentos inéditos
AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto.
AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. 109. Trexler 1980: 92.
AHML, LTCP-SP, Relacion de la solemnidad y fiestas... del Rey... Felipe quarto. También, "Instrucción dada al Marqués de Montesclaros", 267-272. Para el caso de México, véase Schreffler 2000.
BNP, Aclamacion y Pendones... Carlos II.
BNP, Aclamacion y Pendones... Carlos II, 36-36v.
BNCh, Antonio de León Pinelo, Velos Antiguos i modernos en los rostros de las mugeres sus con ueniencias i daños. Ilustracion De la Real Prematica de las Tapadas. Madrid, 1641: 72.
Pinelo, 1641: 73. Véase también Ovidio 1982:166-238 y Sennett 1976: 3-44. 115. Pinelo, 1641: 78v-79.
Gil Pujol 1997: 233.
Véase BNP, Anonimo. Solemne Proclamacion... Felipe V, y BNP, Lima Gozoza.
Véase Burke 1992 y Marín 1993.
Varela 1990: 80. Véase también Checa y Morán 1989.
Cohn 1985: 279; traducción de la autora. Sobre este tema consúltese también Pérez Samper 1997: 379-394.
Véase Gruzinsky 1994 y Baudrillard 1983.
Véase Trexler 1980 y Kertzer 1988.
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La batalla por la interoceánica en el sur peruano: ¿localismo o descen- tralismo? Eleana Llosa. 2003.
Último mapa político: análisis de los resultados de las elecciones regio- nales. Carlos Meléndez. 2003.
la droga entre EE.UU. Perú, 1860-1960. Paul Gootenberg. 2003.
microfinancieras (IMF) en el Perú. Giovanna Aguilar A. y Gonzalo Camargo C. 2004.
La memoria post-colonial: tiempo, espacio y discursos sobre los sucesos de Uchuraccay. Hiromi Hosoya. 2004.
Cucharas en alto. Del asistencialismo al desarrollo local. Fortaleciendo la participación de las mujeres. Cecilia Blondet y Carolina Trivelli. 2004.
El Agrobanco y el mercado financiero rural en el Perú. Giovanna Aguilar. 2004.
Las ONG y el crédito para las mujeres de menores ingresos: debates sobre el desarrollo. Gina Alvarado. 2004.
January 17, 2021
Alejandra B Osorio
Wellesley College, Faculty Member
Alejandra B. Osorio is working on a manuscript tentatively titled "The First Modern: Baroque Modernity in the Spanish Hapsburg World, ca. 1519-ca.1700." It examines the role played by the king's figure and body in the establishment and consolidation of a political culture in various cities in Europe, America and Asia that made ruling and imagining this vast empire possible. She teaches courses in Spanish American history, gender and feminist theory, urban history, and comparative empires. She is the author of Inventing Lima. Baroque Modernity in Peru's South Sea Metropolis (2008).
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El rey en Lima : el simulacro real y el ejercicio del poder en la Lima del diecisiete
Alejandra Osorio
2004
EL REY EN LIMA El simulacro real y el ejercicio del poder en la Lima del diecisiete ALEJANDRA OSORIO DOCUMENTO DE TRABAJO N.° 140 ALEJANDRA B. OSORIO es doctora en Historia por la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook. Actualmente es profesora de historia latinoamericana en el Wellesley College, en los Estados Unidos. Ha publicado en diversas revistas académicas, y en el momento viene concluyendo un libro sobre la cultura política barroca de Lima, durante los Austrias.
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EL EJERCICIO DEL PODER EN UNA ISLA DE SEÑORÍO: LANZAROTE EN EL SIGLO XVIII
Belinda Rodríguez Arrocha
The main purpose of this essay is the analysis of the exercise of secular power in Lanzarote Island during the second half of XVIIIth century. We pay special attention to the contents of the government documents belonging to the historical archive of Teguise. Furthermore, we do a comparison between the actuation of the local officers and the advice of some important Spanish authors of the Old Regime, such us Jerónimo Castillo de Bobadilla, Lorenzo de Santayana y Bustillo and Lorenzo Guardiola y Sáez. In this sense, they wrote about the most frequent injustices and the bad government at the local level. In summary, the mentioned records contain information in regard to the poverty, the Bourbon laws and the absence of the lords of Lanzarote. Frequently, the local officers approached food shortage in their assemblies.
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La entrada del virrey y el ejercicio de poder en la Lima del siglo XVII
Alejandra B Osorio
2012
Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto 770 ALEJANDRA OSORIO 8 BNM, Yndias de Birreyes, "Capitulo undecimo de la entrada del Virrey en esta çibdad de los Reies". 9 Véase OSORIO, "The King in Lima", pp. 447-474.
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La entrada del Virrey y el ejercicio del poder en Lima del siglo XVII.
Alejandra B Osorio
2006
De todas las solemnidades observadas en América, la entrada pública del virrey es la más espléndida y aquella en la que más se exhibe la impresionante pompa de Lima. No se ven sino ricos carruajes y calesas, encajes, joyas y equipajes espléndidos, con los que la nobleza eleva su emulación hasta perfiles asombrosos. Esta ceremonia es tan extraordinaria que me complace pensar que el lector disfrutará su descripción. 2 E l 30 de noviembre, día de san Andrés, de 1569, el virrey Francisco de Toledo hizo su entrada oficial en Lima. El quinto virrey del Perú había llegado al puerto 770 ALEJANDRA OSORIO 8 BNM, Yndias de Birreyes, "Capitulo undecimo de la entrada del Virrey en esta çibdad de los Reies".
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Poder y corrupción en la audiencia de Lima en el siglo XVIII
Patricia Gutiérrez Rivas
Poder y corrupción en la Audiencia de Lima en el siglo XVIII. Aproximación al estudio de un grupo dirigente colonial.
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Exequias de Felipe IV en México y Lima: consolidación del poder monárquico
Jennifer Solivan-Robles
Barroco Iberoamericano. Identidades culturales de un Imperio., 2013
The subjects of study of this paper are the ephemeral constructions, such as the catafalques and allegorical paintings, done in Mexico and Lima to commemorate the death of Philip IV of Spain. The main purpose of the study is to consider the context within they were built, the patron that commissioned them and for whom they were intended, providing a new approach. Many who have studied the American exequies’ of the Spanish Monarchy affirm the presence of indigenous elements in these. Through a specific approach, this presence can be minimized. The Viceregal Authorities have used elements which are references of their territories and in which can’t be found any indigenous elements. These references are use to transmit a message to the Crown, whereby its power is legitimized, power that resides in the monarchic succession.
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(2000): "Reelección presidencial". Lima
Fernando Tuesta
En América Latina, dada su tradición histórica se discute la reelección bajo el concepto de la no-reelección. En esta tradición confluyen dos elementos de sustento: el fuerte presidencialismo, que acentúa la necesidad de perpetuarse en el poder y procesos electorales fraudulentos. Esto hizo que "el principio de la no-reelección apareció como símbolo político e instrumento imprescindible del constitucionalismo democrático" (Nohlen, 1998: 140). En muchos países, particularmente con experiencias reeleccionistas o dictatoriales, el principio de la no-reelección se implantó como una norma constitucional fundamental de la democracia. Y es que desde Porfirio Diaz, en México, que fue reelegido 7 veces y gobernó 27 años, provocando un movimiento no reeleccionista que atizó la revolución mexicana, pasando por los Stroessner, en Paraguay o Joaquín Balaguer, en República Dominicana, la reelección presidencial ha sido el mecanismo de perpetuación en el poder.
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UNA MANIFESTACIÓN DE PODER EN EL ARAGÓN DEL QUINIENTOS: LA HORCA DE LOS GANADEROS
Daniel Gracia
El objeto del presente estudio es poner de manifiesto alguno de los rasgos más sobresalientes de la ordenación jurídica excepcional que rigió a los ganaderos zaragozanos, así como la manera en que los extensos privilegios de la Casa de Ganaderos de Zaragoza tanto en materia de pastos como en lo judicial, desembocaron en una fuerte oposición del resto del Reino hacia la cabaña zaragozana, en general, y hacia el status privilegiado de dicha Institución, en particular. Para ello nos centramos en la figura del Justicia de Ganaderos, verdadero eje cenital de la Casa, el cual surgió como necesario complemento a la pastura universal, es decir, al aprovechamiento gratuito de los pastos de todo el Reino por parte de los vecinos de Zaragoza.
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Evaluar en la Funlam: un ejercicio que invita a la resignificación del “poder”
Revista Colombiana de Ciencias Sociales
El presente escrito surge de la reflexión acerca del modelo evaluativo implementado en la Fundación Universitaria Luis Amigó de Medellín, Colombia. La institución propone una visión de evaluación como un proceso, de tal manera que el resultado final de un curso no surge de la sumatoria de notas obtenidas, sino de herramientas de evaluación cualitativa que permiten valorar competencias relacionadas con el ser, el saber y el hacer del estudiante. Este tipo de propuestas evaluativas, si bien reciben aceptación por parte de los maestros y estudiantes, sugiere un cambio de paradigma, dado que tradicionalmente en el país se da la evaluación sumativa en la que se acumulan puntajes para lograr una nota final. La evaluación cualitativa cuestiona el valor de estas sumatorias, proponiendo un ejercicio de autoreflexión y de nuevas formas de relación entre docentes y estudiantes, en la cual evidentemente se mantiene una relación de "poder" , pero ya no para decir lo que está bien o mal, sino para guiar un proceso de construcción de saber. Palabras clave: Evaluación cualitativa, relación alumno-docente, función de la evaluación, evaluación-poder. Abstract This written text is a result of the reflection about the evaluation model implemented at the Fundación Universitaria Luís Amigó in Medellin Colombia. The institution proposes a vision of the evaluation as a process, in such a way that the final result of a course does not come from the average obtained from the grades but from the qualitative evaluation tools that permit to value competences related to the student's being, knowing and doing. This type of evaluation proposals, although, they are accepted by the teachers and students, they suggest a paradigm change, since traditionally in the country there is the summative evaluation, accumulating scores to achieve a final grade; the qualitative evaluation questions the value of such additions, proposing an exercise of self-reflection and new ways of relationships between teachers and students, in which, obviously, a relation of "power" is supported, but not to say what is good or bad, but to guide a knowing process construction.
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Pablo Ortemberg, Rituales del poder en Lima (1735-1828). De la Monarquía a la República
Pablo Ortemberg
Historia (Santiago), 2016
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